El ciudadano ilustre
Humberto Santana7.5
LO MEJOR
  • Oscar Martínez (Daniel) y Dady Brieva (Antonio)
  • Las escenas hilarantes
  • El contraste de la antítesis del "hosco bueno en el fondo" con el "simpático realmente mala persona"
LO MALO
  • Cierta parsimonia en el comienzo y en algunos tramos
7.5Buena

OTROS TÍTULOS: The Distinguished Citizen

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 58min

GÉNERO: Drama / Comedia

PAÍS: Argentina

DIRECTORES:  Gastón Duprat, Mariano Cohn

ESTRELLAS: Oscar Martínez, Dady Brieva, Andrea Frigerio, Belén Chavanne

 

Hay algo magnético en el cine del cono sur. Y aunque este magnetismo sin duda se fundamenta en muchas razones, una de ellas es su forma de proyectar las realidades. No me refiero por supuesto a las historias, que pueden ser reales o no, sino al país, a la provincia, a su gente, a su ideología, a las problemáticas sociales, aún sin tener pretensiones moralistas, críticas o aleccionadoras. El cine del cono sur logra representarlo sutilmente, como si no lo buscara, como si fuera sencillo y natural; a diferencia de otros cines, no trata desesperadamente de representar explícitamente las mencionadas problemáticas, evitando así caer en obviedades y repeticiones. Podemos sentarnos y disfrutar una buena historia, mientras casi por ósmosis asimilamos su trasfondo.

En la nueva película del dúo de directores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn hay dos caras encontradas: Por un lado el escritor intelectual exitoso (gran actuación de Oscar Martínez), invitado a su pueblo natal para un homenaje después de haber ganado el Nobel de literatura, disidente, subversivo, intelectualmente petulante, además de complejo en cuanto a que si bien dice haber estado huyendo toda su vida de su pueblo natal, alberga sentimientos encontrados por su latente amor al terruño, un vacío que nunca se llenará en su vida en el extranjero. Por otro lado, una sociedad provinciana básica, machista, mediocre, resentida y mezquina. Duprat y Cohn, al igual que lo hicieran en El hombre de al lado (2009), exploran la tensión que existe en la coexistencia cotidiana, bien sea con vecinos, coterráneos o hasta con amigos; esa tensión que proviene de malentendidos, envidias, resentimientos, o simplemente de ese “ser mala gente”, con el que no es extraño toparse. La sátira como formato, fundamentada en un guión con diálogos inteligentes y punzantes, hace sin duda de El ciudadano ilustre una película atractiva y trascendente.

Pero si bien la sátira parece en principio cargada hacia la crítica de uno de los lados, cuando se la mira con detenimiento es tan generalizada que no importa si hay un objetivo, si hay un blanco o no; no deja títere con cabeza, incluyendo por supuesto a su protagonista, y si bien lanza anzuelos para un buen número de reflexiones, es en últimas simple y llanamente un muy buen retrato caricaturesco, una historia que engancha gracias a su “mansa tensión” pero que, por encima de todo, es tremendamente divertida, con algunas escenas hilarantes que se ganan un espacio en la memoria fílmica.

 

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