El cielo esperará
Andrés Quintero6.5
LO MEJOR
  • La separación inicial y la convergencia final de sus historias
  • El talento de Noémie Merlant, pronto la tendremos de nuevo en pantalla
  • La sensibilidad propia de su enfoque femenino
LO MALO
  • Cierta superficialidad que le resta credibilidad
6.5Interesante

TÍTULO ORIGINAL: Le ciel attendra

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 30 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Mari-Castille Mention-Schaar

ESTRELLAS: Yvan Attal, Sandrine Bonnaire, Clotilde Courau, Noémie Merlant, Zinedine Soualem

Siguiendo la estructura de historias paralelas que terminan confluyendo, en El cielo esperará, su directora y también co-guionista la francesa Mari-Castille Mention-Schaar , se mete con el tema del reclutamiento yihadista de jóvenes europeos a través del tan desconcertante como imparable mundo de las pantallitas : amistades virtuales, adhesión borrica a grupos de cuanta cosa se quiera, videollamadas que acercando lo distante, paralelamente, distancian lo cercano y, en fin, ese universo agobiante que a la vez que pulveriza toda frontera produce un parádojico sentimiento de soledad y encierro.

Con un foco deliberadamente femenino Mention- Schaar nos cuenta la historia de madres e hijas (sí, hay algún padre pero las fuerzas contrapuestas y los latidos vitales son de ellas) que de repente se enfrentan a la realidad de una separación provocada por el ingreso de las segundas a las huestes del yihadismo. Ni sensibilidades claramente distintas, ni anhelos existenciales contrapuestos, impiden que Sonia y Melanie abracen, a sus telúricos 16 o 17 años, la causa musulmana. Algún vacío o quizás más bien un profundo hastío termina empujándolas hacia lo que, presienten, puede conferirle algún sentido a sus vidas. La siempre necesaria, la siempre convulsa, teleología que bordea los veinte años.

El trabajo de Mari-Castille Mention-Schaar va más allá de lo correcto. Alterna con destreza forma y fondo. En cuanto a la primera emplea una narración de varias vías que demanda, sin agotadores excesos, la atención del espectador. Son tres historias jalonadas todas ellas por un impulsor común pero diversas en sus entornos, reacciones y circunstancias. La renuncia a la comodidad del relato lineal le confiere a la película una justa dosis de tensión que acompaña bien esa incomodidad que se siente cuando la ficción proyectada es la denuncia de una verdad dolorosa que está más próxima de lo que cualquiera imagina . En cuanto al segundo, el fondo, El cielo esperará es una visión de mujer que rebasa el plano evidente de algún tipo de reclutamiento religioso para incursionar en esas capas menos explícitas pero siempre fundantes de la interrelación del universo femenino con su entorno: madre – hijos, mujer – pareja, amiga – amigos, ser humano – mundo circundante.

De inexacta han tildado a El cielo esperará porque supuestamente la cacería virtual de adeptos a la grey musulmana, al rebaño de Alá, se da, no entre la población caucásica de padres europeos (franceses en este caso) , sino entre aquellos jóvenes de origen musulmán nacidos en países europeos cuya condición de marginamiento y desadaptación les hace blancos perfectos para atender el llamado redentor de una causa que se les presenta como universal, humanista y salvífica. Probablemente así sea pero no creo que la escogencia de los personajes de El cielo esperará invalide su propuesta. El ansia de sentido y la sed de trascendencia son transversales al hombre como tal y rebasan orígenes, edades y razas. Quizás no en igual grado, pero la exposición a este tipo de movilizaciones de credos religiosos, políticos y sociales se da, tanto entre los vernáculos, como entre los inmigrantes o entre aquellos con algún eslabón transfroterizo, es decir, entre absolutamente todos.

En el plano actoral sobresale el trabajo de la joven Noémite Merlant en el papel de Sonia Bouzaria, una joven ya conversa y militante obligada a una reclusión doméstica en casa de sus padres cuando se la halla comprometida en un acto terrorista en suelo francés. En el papel de su madre, soberbia como siempre, la magnética Sandrine Bonnaire. El resto del reparto lo hace sobradamente bien pero este dúo es contundente.

Cuando las luces se encienden queda por ahí disperso ese sinsabor de la invocación de un Dios amoroso para señalar, confrontar, descalificar o, simplemente, arrasar con aquel otro que piensa distinto. Como el cielo, si existe, puede esperar, acá en la tierra deberíamos trabajar por la concordia en medio de nuestras inevitables diferencias.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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