Batman: El Caballero de la Noche Asciende
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
7Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Votes)
8.4

TÍTULO ORIGINAL: The Dark Knight Rises

OTROS TÍTULOS: El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace

Suelo referirme a las películas que veo cargándolas de adjetivos. Digo – o escribo – de aquella que es, por ejemplo, austera, mesurada, discreta y contenida mientra que a aquella otra le atribuyo las notas de asertiva, inteligente, enigmática y desconcertante. Me encanta adjetivarlo todo y suelo olvidar que el uso indiscriminado de adjetivos siempre trae como efecto su propia desvalorización. Cuando tras el objetivo de lograr una acertada caracterización se abusa de los adjetivos, lejos de lograrla  lo que se obtiene es un amasijo muy distante de la precisión y enemigo de la concisión.
El caballero oscuro: la leyenda renace, la tercera película de Cristopher Nolan sobre el hombre murciélago, se presta, como pocas, para la desmesura en materia de adjetivos. Es tal la ambición de este tercer relato que todo en él parece cruzar la línea de la justa medida. La historia es,  sobretodo al comienzo, compleja al punto tal que el espectador se ve tentado a no seguirla al detalle y rendirse mejor al estruendo excesivo de sus escenas. Al reparto estable que rodea a Batman se suman ahora unos personajes – buenos algunos, otros no tanto – que en lugar de contribuir a la polarización entre las fuerzas del bien y del mal la diluyen y enredan. El recurso narrativo de brincar en el tiempo para resolver la intriga  se concentra en la parte final del relato restándole la fluidez que la historia demandaba. Son, en fin, muchos los excesos en esta tercera película y son ellos los que deslucen a un personaje al que se ha querido caracterizar por su soledad y su introspección.
El caballero oscuro: la leyenda renace es más un jolgorio visual que una buena película. Esta vez Nolan, brillante en sus antecesoras, se va por la línea fácil de privilegiar el entorno debilitando así al personaje y su historia. Pareciera ya no tener mucho que decir – ni que hacerle decir – al hombre enmascarado y es por eso que se va, a toda velocidad, por las autopistas paralelas diseñadas con las historias de los  nuevos personajes con el propósito de agruparlos al final con un Batman que a la postre resulta, entre tantos y tan intrincados relatos, opacado.
El que Batman sea – o, mejor, que lo hayamos convertido – en  el oscuro caballero de la noche no quiere decir  que deba limitarse a ser, con la insalvable dependencia de quien la proyecta, una mera sombra. En esta tercera entrega de la serie de Nolan son tantos y tan disímiles los elementos que rodean a Batman que este deja de ser el epicentro de la historia. Uno de los muchos aciertos de El caballero de la noche y de Batman Begins es que en ellas Batman se marca muy bien por el contraste con su entorno, por la confrontación no sólo con el mal organizado sino con el propio bien oficial cuyos protocolos no comparte. La inolvidable y ya emblemática actuación de Heath Ledger como el Guasón en El caballero de la noche no sólo le dio una arrasadora contundencia a este personaje sino que, por ese antagonismo extremo que revela ciertas proximidades,  enalteció las virtudes del que para muchos, yo entre ellos, es el héroe ficto de todos los tiempos. En esta nueva entrega Batman es más un referente de cohesión hacia el que confluye la narración que su motor de impulsión.
Del reparto de El caballero oscuro: la leyenda renacehay que destacar tanto a Joseph Gordon-Levitt como a Anne Hathaway. El primero porque con una actuación muy acertada y mesurada logró que su personaje rompiera el cerco vicioso y completamente artificioso que se ha armado en torno al homosexualismo de Robin, y la segunda porque esta nueva Gatúbela no es una felina secundaria sino una mujer cuya sensualidad está apuntalada, no tanto por su exuberante cuerpo como por su inteligencia sarcástica. De los otros dos malos, Tom Hardy y Marion Cotillard, solo decir que la estatura de una actuación depende no sólo de las virtudes del actor sino, en una muy importante medida, del perfil del personaje que este encarne. En este caso a la Cotillard y  a Hardy les encomendaron unos personajes cuya maldad ni siquiera se aproxima a la legendaria perversidad de ese Guasón  que Ledger se llevó a su tumba.
Admito que fracasé en mi intento de esquivar tanta adjetivación. Ha de ser, seguramente,  por lo mucho que me gusta el personaje de Batman. Verlo así, como lo vi  en El caballero oscuro: la leyenda renace , apabullado en medio de un despliegue forzado de música incidental, historias paralelas, personajes circundantes  y efectos especiales, me produjo cierta desazón. Prefiero a ese Batman que tiene que lidiar no solo contra el multiforme mal sino, también, contra los fantasmas de su propia humanidad. Si eche mano de más de los adjetivos que debieran haberse utilizado, fue con el fin de salvar al verdadero Batman de una manipulación disfrazada de exaltación. Hasta los super héroes necesitan de vez en cuando nuestra ayuda.
     

2 Respuestas

  1. Wílliam Venegas

    Batman: El Caballero de la Noche asciende (2012) es más bien un estudio de la personalidad de Bruce Wayne. Por ahí va la propuesta de los guionistas Jonathan y Christopher Nolan, hermanos, y la riquísima puesta en imágenes del segundo. Es Wayne, quien debe luchar consigo mismo y contra sus enemigos inmediatos para devolverle un lugar a Batman. Desde esa perspectiva, la trama escudriña en razones, dilemas, gozos y sufrimientos que tiene un hombre para guardar el traje batmánico. Luego, la trama hace lo mismo con el porqué ese mismo sujeto desempolva el atavío guardado. ¿Cine psicológico? No exactamente, porque la aventura ¡entretiene y sabe sorprendernos al hacerlo! Lo otro es la sabiduría del director inglés Christopher Nolan para ejercitarse en el magistral uso de la cámara, en el diseño de la planificación, en la exigente dirección de actores y en el arte de narrar bien con imágenes en movimiento. Por momentos el filme se deshilacha y hasta se contradice; pero me parece que el propio Nolan lo ignora –adrede– y sigue adelante al subrayar solo lo bueno de su trabajo.

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