El apartamento
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H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
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TÍTULO ORIGINAL: The apartment

OTROS TÍTULOS: Piso de soltero

AÑO: 1960

DURACIÓN: 125 min.

GÉNERO: Comedia, Romance, Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Billy Wilder

ESTRELLAS: Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray

 

El hecho de que Billy Wilder haya escogido para esta película el lacónico nombre de El Apartamento y no el mucho más sugestivo y comercial Alguien ha estado durmiendo en mi cama, tiene su explicación.  En El apartamento  el director austriaco se salió de los moldes tradicionales y le apostó a un balance inusual entre la comedia y el drama.  Le bajó unos decibeles  al volumen de la primera y se los subió al del segundo. Fue así como Wilder logró lo justo para enlazar, sin confundirlos, emoción, humor y reflexión.  Quizás porque acababa de hacer Some like it hot (Con faldas y a lo loco) – que habría de convertirse  luego en una de las grandes comedias de todos los tiempos – , Wilder prefirió reencontrarse en El Apartamento con un tono más opaco, con una temperatura más baja, a tono con la  Nueva York otoñal en la que se la filmó. A este enfoque le iba mejor el adusto nombre de El apartamento que el picaresco del Alguien ha estado durmiendo en mi cama.

El Apartamento es el resultado de mezclar, al servicio de una historia de amor,  un drama contado desde la burla inteligente y una comedia que bordea  la crítica social.

La historia de un oficinista anónimo que, a cambio de pírricos ascensos laborales,  le presta su apartamento a los grandes jefes para que estos lo usen como guarida de sus amores clandestinos, le surgió a Wilder después  de ver Breve Encuentro (1945), la entrañable y bellísima película de David Lean en la que un hombre le presta su cama a unos presurosos amantes para luego constatar, en las huellas dejadas por los fugaces prestatarios, su enorme soledad.

C.C Baxter , un Jack Lemmon en una interpretación iluminada, es el oficinista aplastado por la rutina con el que uno termina solidarizándose, no tanto por su torpe e ingenuo intento de congraciarse con sus jefes, como por lo que hace, emergiendo así de su ordinariez, para conquistar a Fran Kubelik,  una Shirley MacLaine también tocada por el ángel actoral, la ascensorista de la compañía donde trabaja Baxter,  enamorada y embaucada por uno de los usufructuarios del famoso apartamento. La posibilidad redentora de un amor entre estos dos seres marginales es el eje narrativo y emotivo de El Apartamento.

Con la maestría que habría de convertirlo en uno de los grandes del cine, Wilder  elude la simpleza de la comedia romántica y, a la vez, la aridez del drama del oficinista manipulado por un sistema agresor y deshumanizado.  La genialidad de Wilder, premiada en El Apartamento con cinco estatuillas de la Academia, estuvo – y habrá de seguir estando – en haber extraído de dos seres aparentemente anodinos la fuerza y el encanto que les permitirá desafiar y vencer un establecimiento grisáceo donde todo, incluido el amor, tiene su precio.

El Apartamento no es una diatriba contra el tráfico de envidias y la banalización  de las relaciones humanas en el mundo laboral. Es más bien, y al estilo de este icónico director, una mirada sarcástica y reflexiva hacia un mundo imperfecto al que siempre podrá rescatársele una desmesura, una sonrisa y, porque no, la apuesta irracional por un amor duradero. Baxter y Kubelik sabrán ganarle al mundo que los hizo y  si   fallaron cuando le prestaron su apartamento o sus sentimientos a las personas equivocadas,  luego acertaron cuando se dieron cuenta que antes que facilitárselos a terceros lo que debían hacer  era, entre ellos mismos, compartirlos.

El Apartamento merece el lugar que tiene por lo sorprendente y elocuente de su simpleza. Viéndola vuelve uno a  percatarse de que las mejores historias están a la vuelta de la esquina y que para contarlas bien hay que saber  extraer   la profundidad de lo que a simple vista no es más que superficial apariencia.

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