Detroit: Zona de conflicto
Diego Solorzano7
LO MEJOR
  • La dirección y el montaje son fantásticos. Bigelow usa todas las herramientas cinematográficas para impactar al espectador.
  • El apartado visual y artístico está llevado con mucho mimo y cuidado, la Detroit de los 60’s es tan real como cabría esperar.
LO PEOR
  • El guion es demasiado parcializado, se hace predecible.
  • El epilogo final es atroz para el ritmo de la película, podría haberse narrado mejor.
7BUENA
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TÍTULO ORIGINAL: Detroit

AÑO: 2017

DURACIÓN: 143 min

GÉNERO: Documental dramatizado, Thriller

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Kathryn Bigelow

ESTRELLAS:   John Boyega, Anthony Mackie, Algee Smith

 

Cuando se habla de “Documental dramatizado” nos recuerda a casos muy específicos del cine moderno, entre los cuales ‘JFK: Caso reabierto’ reaparece constantemente. La obra magna de Oliver Stone existe como pilar de un género complicado de trasladar a la pantalla, tanto por su capacidad de mantener el ritmo y la cadencia psicológica en el espectador como tratar de ser lo más apegado a los hechos reales aunque finalmente la faceta crítica y subversiva de su director acabe llevando una excelente cinta por derroteros especulativos antes que demostrativos. Lo mismo pasa con Detroit, probablemente una película demasiado condicionada por la mente que tiene detrás, lo cual facilita un montaje y dirección esplendidos a cargo de la oscarizada Kathryn Bigelow pero que recuerda a sus anteriores películas demasiado parcializadas y extremadamente partidistas.

De hecho, con Detroit la crítica no ha sido tan voraz como lo fue en su anterior película, la excelente ‘Noche más oscura’ donde Bigelow demostraba nuevamente sus dotes tras la cámara, así como la incipiente influencia de la CIA y las atroces justificaciones visuales que daba a la práctica de tortura (prácticamente desde el inicio) y que significó el ostracismo para una excelente pelicula a todos los niveles, incluso se vio la necesidad de abrir investigación en el congreso de Estados Unidos por supuesta intervención del cuerpo de inteligencia en la película. Estas mismas criticas las había tenido con ‘Zona de miedo’ donde su acérrima defensa al ejército norteamericano parecía justificar la existencia de individuos militares con Síndrome post traumático en servicio activo dentro de las fuerzas armadas desplegadas en Iraq.

Detroit no es la excepción aunque a diferencia de las anteriores obras, su parcializado punto de vista es imposible de separar de la cinta, haciendo que esta decaiga en atractivo y, sobre todo, plantee un escenario tan predecible y monocromático que acabaría desbocando en un desastre magnánimo sino fuera por la excelente (insisto) maestría de su directora tras las cámaras. Detroit es un prodigio de la dirección, un montaje milimétrico que recuerda a la sempiterna cinta de Stone, donde la californiana no deja lugar a dudas sobre su merecido título como una de las mejores directoras que ha tenido el cine. Kathryn no deja títere sin cabeza y descarga toda la munición con tal de asfixiar al espectador: Zoom-in y out de los acontecimientos, elipsis dinámicas y una cámara en mano recurrente que ayuda a darle ese toque callejero a los disturbios que acosaron la ciudad de Detroit durante los albores de los 60’s, propiciados en gran medida por la bomba de relojería que era el racismo beligerante en la Norteamérica urbana de mediados de siglo. A nivel técnico la película es un portento, sólida y tempestuosa. Una película llena de emociones que traspasan la pantalla. Asco, miedo y furia en las calles de América. Detroit es una de las películas más tensas y asfixiantes que he visto en una sala de cine gracias al buen hacer de su directora.

Sin embargo, es en la parte temática donde el guion trastabilla, siendo predominante la critica a las fuerzas de ley, el guionista Mark Boal divide los personajes entre “buenos y malos” disminuyendo la carga dramática a la cinta y por lo tanto perdiendo el foco en una crítica social a fondo. Llega a ser frustrante lo fácil que la película descarta personajes y sus motivaciones, quitándoles profundidad en pos de una narrativa más dinámica, algo completamente innecesario siendo Bigelow la directora  y que nos deja personajes como meros constructos sociales. Toda la trama monstruosa que viene preparándose como una olla a presión termina por perder la fuerza necesaria por la falta de matices en sus actores principales. La obvia división entre “víctimas y victimarios” acaba por quitarle picante a la cinta en pos de un efectismo absurdo y que demerita totalmente la época en la que está encuadrada.

Es por un guion extremadamente tendencioso y plano que los actores no pueden brillar. Si bien es cierto que Boyega se esfuerza, los personajes quedan reducidos a una hoja de guion con villanos muy obvios e intenciones de opereta. Hubiera agradecido más un análisis social sobre el racismo o ver desde los puntos de vista de los victimarios (en este caso, la omnipresente policía) en vez de predecir lo que va a suceder con los personajes escenas antes que suceda. Una verdadera lastima a nivel actoral y una decisión harto cuestionable a nivel conceptual.

Pero donde la película más tropieza es en un epilogo alargadísimo, todo el montaje y lo construido hasta el momento casi se dirige al abismo por la parte más “documental” de la cinta, donde la herencia de JFK desaparece y da paso a aburridísimas liturgias legales, completamente innecesarias y mal narradas donde nos dejan ver las consecuencias judiciales de lo sucedido en esa semana de la ira. Puedo entender los motivos tras las escenas finales y como busca generar reflexión el espectador, no obstante, estoy seguro que una de las mejores cronistas de América habría logrado narrar de mejor manera el devenir de aquella furia armada en las calles de Detroit.

Dejando de lado las cuestiones alegóricas y dando por hecho la excelente traslación al Detroit de los 60’s, la esperada nueva cinta de Bigelow es una buena película manchada por su maniqueo guion y su incapacidad por equilibrar su parte más documental con las escenas dramatizadas en el Hotel Algiers. Sí, quizá es un poco injusto compararla con la alargada sombra de JFK (donde su montaje sigue siendo de óscar) pero con un tema tan poderoso y en una época tan necesaria como la nuestra, siento que Bigelow ha perdido una oportunidad dorada de entregar una película excelente y de una directora como ella, incluso con su crítica acérrima, siempre hay que exigir algo muy cerca de la grandeza.

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