Después de la tormenta
Humberto Santana8.5
LO MEJOR
  • Su sencillez y profundidad
LO MALO
  • No llegar a percibir su esencia por su formato
8.5Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Umi yori mo mada fukaku

OTROS TÍTULOS: Tras la tormenta / After the Storm

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 58min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Japón

DIRECTOR:  Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore-eda)

ESTRELLAS: Hiroshi Abe, Kirin Kiki, Yôko Maki, Lily Franky, Isao Hashizume

 

El gran director japonés Hirokazu Koreeda entrega en Después de la tormenta otra de sus joyas, una de esas obras de arte ocultas a primera vista. Su cine austero, en un día de desconexión o ante el ojo desprevenido, puede pasar fácilmente desapercibido.

En esta película que llega después de De tal padre, tal hijo y Nuestra pequeña hermana, tras los primeros 15 minutos de rodaje se podría decir que no ha pasado mucho; hemos presenciado una charla entre madre e hija aparentemente sin mayor trascendencia, las hemos visto en un día cualquiera haciendo sus quehaceres rutinarios, hemos visto el vecindario donde viven, la comida que preparan para el almuerzo. Pero el arte de Koreeda está precisamente en tejer a través de estos mínimos detalles, de gestos y miradas, de objetos comunes, de conversaciones casuales, una fibra que refleja la vida misma con una fuerza y realismo incuestionables: no nos equivoquemos, dentro de la sencillez del cine de Koreeda se ocultan una profundidad y una trascendencia excepcionales.

 

 

La historia se centra en Ryota (interpretado impecablemente por Hiroshi Abe), un escritor divorciado que alguna vez tuvo potencial pero que lo ha desperdiciado para convertirse en un bueno para nada, un apostador capaz de ser un ladronzuelo con su propia madre, un detective que hace sus centavos de la miseria humana, persiguiendo relaciones extra-matrimoniales y “chantajeando” a partes y contrapartes. A pesar de lo reprochable de sus actos, su personaje encierra un realismo tan humano que, antagónicamente, es capaz de generar al mismo tiempo rechazo y empatía. Ryota quiere escribir una nueva novela, mientras lucha mes a mes para juntar la pensión alimenticia y poder ver a su hijo, mientras espera que su ex-esposa no se case de nuevo. Es en Ryota que se plantean, al estilo de Koreeda, cuestiones como qué se es, en contraste con el querer ser, o el peso de la carga generacional, en la que al buscar apartarse de los malos pasos del padre solo se termina repitiéndolos irremediablemente uno a uno, o la búsqueda del sentido de la vida y de la felicidad misma. Casi sin que nos demos cuenta.

 

 

Pero nada de esto tendría mayor peso ni orientación sin Shinoda, la madre de Ryota. El entrañable personaje logrado por Kirin Kiki es ese centro que son todas las madres, es real y cercano, su cotidianidad y su sencilla sabiduría aportan un balance que lo redondea todo, le dan sentido a los planteamientos y agregan una belleza lírica a esta película que, si se mira con atención, quedará en la memoria como un gran ejemplo del cine japonés.

 

 

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