Creed : Corazón de campeón
Andrés Quintero7
Humberto Santana7
LO MEJOR
  • Stallone, deteriorado y derrotado, más ganador que nunca
  • La emoción infaltable que siempre despierta el semental italiano
  • De la mano de Rocky ir soltándose de ella
LO MALO
  • Aunque no lo siento así, quizás un excesivo apego a los códigos emotivos de Rocky I
  • No haber puesto, un poco más, Gonna fly now
7Buena

CREED AFICHETÍTULO ORIGINAL: Creed

OTROS TÍTULOS: Creed. La leyenda de Rocky

AÑO: 2015

DURACIÓN: 132 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Ryan Coogler

ESTRELLAS: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Phylicia Rashad, Will Blagrove

Más allá de allá de las disquisiciones cinéfilas alrededor del término, a mi juicio Rocky I es todo un clásico. Y lo es porque se convirtió en un referente generacional, porque siempre es grato volverla a ver y porque en su momento contó una historia con la esquiva marca de la perennidad. Todavía recuerdo, como tantos, mis salidas setenteras a trotar con una sudadera gris como la de Rocky y aún me emociono, en otro vibrato y en otro tempo, con la inmortal Gonna fly now de Bill Conti. Eso quiere decir que más allá de sus méritos – o de sus deméritos – cinematográficos, Rocky se salió de la pantalla para convertirse en un verdadero hito. No me inviten a la discusión de si este fenómeno de la popularización de un personaje hace buena o no a la película que lo provoca. Yo soy uno de sus ingenuos entusiastas que cuando tuvo la oportunidad de subir corriendo las escalares frontales del Museo de Arte de Filadelfia, ya arriba y con la panorámica de la ciudad enfrente, levantó como lo hiciera Rocky en la famosa escena, los brazos en señal de triunfo.

CREED SEC 5

 

Vi toda la zaga de Rocky consciente del creciente deterioro de su calidad cinematográfica pero siempre rindiéndole tributo a ese entrañable personaje que a los quince años se me metió en el cuerpo y, lo entendería años más tarde, también en el alma.

Con ese viejo e indeleble sello rockyniano fui a ver Creed dispuesto, una vez más, a que me reciclaran la historia con otro contendedor, con otro y más reluciente cuadrilátero y con otros y de seguro más sofisticados métodos de entrenamiento. El fanatismo descose los umbrales de la tolerancia y quien lo goza y padece está dispuesto a lo que sea siempre que lleve, con mínima dignidad, la marca venerada.

Esta vez había sin embargo algo que hacía improbable o nada creíble el regreso a las cuerdas del legendario Rocky: nadie pelea, salvo contra la vida misma, cuando se bordean los setenta años. Había que ver con que venía esta Creed que ya de entrada intrigaba porque no tenía el rótulo Rocky de la zaga.  La sorpresa fue total y positiva. Y lo fue porque Creed, sin refritar la leyenda clásica y sin pretender forzadas y tardías reivindicaciones, arma una historia convincente y sólida que a la par que le permite a Rocky, viejo y enfermo, expresar, con la fuerza de la sensibilidad y no de las guantes,  su momento vital, le abre a Creed, hijo del Apollo rival de Rocky en el clásico del 76, un camino propio.

Es el buen balance entre el respeto al personaje icónico de Balboa y la propuesta de una historia que refresca los elementos tradicionales del Boxing history, lo que hace que Creed sobresalga con mérito propio. Creed no es un Rocky X, viene de Rocky y comparte sus claves emotivas (el entrenamiento, el gimnasio desvencijado, el vecindario marginal,  el desconocido contra el famoso, la mujer que acompaña, el éxtasis de la pelea final) pero logra tirar una línea que muestra y anuncia independencia y posibilidades de innovación alrededor de un tema cuyos códigos  ya están más que contados.

CREED PPAL

A estas todavía tempranas alturas del año Silvester Stallone ya se ha embolsillado un par de premios como mejor actor de reparto. Probable y merecidamente vendrán más y no porque haya sido, creo yo, una actuación magistral sino porque estos galardones son un homenaje al recorrido de un hombre que esta vez se bajó del cuadrilátero, dejó que otro escribiera las líneas y mostró no solo el alma que siempre ha tenido el personaje de Rocky, sino su soledad, su solidaridad y su simple humanidad ante el dolor y la aflicción. Yo también, como todo el auditorio de los Golden Globe, me puse de pie cuando leyeron su nombre.

Hace unos días entre amigos y tomándonos unas cervezas discutíamos si a la nostalgia, si al saudade, había que dejarlos de lado al momento de valorar o evaluar una película. Tesis fueron, tesis vinieron. Yo, ahora que lo pienso, cada vez estoy menos dispuesto a valorar o evaluar películas. Prefiero sencillamente verlas y si, como es imposible que no pase, la cabeza se atraviesa ningún problema tengo en dejar que la nuble o alumbre la añoranza.

Noto, sin preocupación, que no he escrito una sola línea sobre de que trata Creed. Ni falta que hace. Vayan a verla. Los que crecieron con Rocky, los que se lo oyeron mencionar a sus padres o abuelos y los que no tienen la menor idea de quién es. La película tiene canales de llegada para todos y hay códigos universales e intemporales de emoción de los que, verdaderamente, no vale la pena sustraerse

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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