Cosmos
Andrés Quintero6
LO MEJOR
  • Que lo pone a pensar a uno en qué quiso transmitir el director
LO MALO
  • Que después de mucho pensarlo uno no logra entender qué fue lo que quiso transmitir el director
6Interesante

cosmos-aficheTÍTULO ORIGINAL: Cosmos

AÑO: 2015

DURACIÓN: 103 min

GÉNERO: Drama, Comedia

PAÍS: Francia

DIRECTOR:  Andrzej Zulawski

ESTRELLAS: Sabine Azéma, Jean-François Balmer, Victória Guerra, Ricardo Pereira, Andy Gillet

 

Antes de despacharme con un compendio de diatribas y descalificaciones contra Cosmos, la última película del recientemente fallecido director polaco Andrzej Zulawsky, intentaré acercarme a esas posibles razones que según algunos la hacen una pieza sorprendente, una propuesta arriesgada e interesante o, incluso, un puzzle filosófico magistralmente vertido en la pantalla para gustos cinematográficos capaces de traspasar los códigos planos de una narrativa y una estética masificadas.

Una primera razón está ligada al historial de su director.  Director y novelista, Andrzej Zulawsky nació en Polonia en 1940 y a finales de la década de los cincuentas viajó a Francia a estudiar cine.  Una de sus primeras películas, El diablo (1972), fue prohibida en su país y eso provocó su forzada salida hacia Francia. A partir de ese momento su vida fue un ir y venir entre estos dos países. El uno contradictor y perseguidor de su trabajo y el otro admirador del mismo. Su cine fue siempre audaz,  iconoclasta, rebelde e irreverente. El lenguaje de Zulawsky se caracterizó por su abierta y descarada oposición hacia cualquier canon establecido y así lo testimonia, de principio a fin, su obra cinematográfica. El típico salmón que se precia de nadar a contracorriente.  Desde esta contextualización, que no desde su interior,  Cosmos sería una  película valiosa por ser un eslabón más en una cadena creativa,  sistemática y coherente,  de oposición y transgresión.

Viéndola desde otro ángulo positivo pudiera decirse, como segunda razón, que Cosmos propone una visión de la realidad que deambula entre el sueño y la pesadilla y en la que a cada valor o virtud (la belleza, la sensibilidad, la mesura, la elegancia ) se lo confronta con su contrario (la fealdad, la vulgaridad, la exageración, la ordinariez). La impactante foto que contrasta la bella boca de Lena (Victória Guerra) con la torva boca de Catherette (Clémentine Pons) lo dice todo.

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Escarbando  en búsqueda de otra razón,  como tercera  podría decirse que Cosmos manosea a su antojo y con destreza los tiempos porque resulta difícil ubicar temporalmente su trama. El vestuario es intencionalmente ecléctico como lo es también el vocabulario de sus parlamentos lo que termina sumiéndola en un anacronismo que pudiera leerse como otra forma, anárquica y audaz, de asomarse a la historia.

Y si de rescatar aspectos buenos se trata, una última razón de valoración estaría dada por esa francesada, siempre tan sofisticada e  intelectual, de remitirlo todo a un texto de Sartre,  a una reflexión del maestro Stendhal o a una escena del polémico Pasolini

De todo lo anterior – y quizás de más – puede cualquiera servirse para decir que Cosmos es una buena película. Más allá del valor intrínseco de cada una de las razones que me esforcé en exponer, personalmente creo que ninguna de ellas, ni todas ellas juntas, hacen de Cosmos una buena película. No desconozco ni el valor, ni la genialidad de  Andrzej Zulawsky , ni subvaloro las formas visuales o narrativas que empleó en Cosmos para retratar una realidad o transmitir un determinado mensaje. Está probadísimo que en el cine todo se vale. Pero se vale, a mi juicio,  si el producto final, por rayado y desquiciado que parezca, logra transmitir, transportar y convencer. Para mi sensibilidad – o quizás para mi falta de ella –  muchas de las escenas de Cosmos bordean lo grotesco y lo rídiculo, no lo surreal. La actitud seudo teatral de sus actores lejos de convincente resulta chocante y son precisamente sus ínfulas de disidencia y sofisticación intelectual las que la hacen pretenciosa y pedante.  No sabría caracterizar el cine polaco pero sí puedo decir que el trabajo de Zulawsky, al menos en Cosmos, es marcadamente francés, con lo bueno y lo malo de esta georreferenciación.

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Lo cierto es que esta historia, la de dos muchachos, Witold (Jonathan Genet) y Fuchs (Johan Libereau), que habiendo interrumpido sus rutinas  se hospedan por unos días en una casa de familia que pronto se asemeja más a una caja de Pandora,  termina siendo un relato incoherente y recargado que encubre sus flaquezas tras un discurso amorfo y chocante de pretensiones intelectuales.  Así como la simpleza siempre le gana al recargo, así también la honestidad creativa termina siempre  derrotando  al esnobismo artístico. Cosmos no solo se marea en medio de sus innecesarios recovecos sino que con ellos aleja al espectador y se distancia, afirman sus lectores,  de su fuente, la novela homónima del polaco Witold Gombrowicz.

Pero quien asegura, decía mi suegra, que uno sea el del buen gusto. A lo mejor lo que a mí me resultó cargante y hueco a otro le haya parecido poético y pleno de sentido. Por eso,  en esto de comentar el cine que vemos,  el tono erudito, displicente y sabelotodo es, el sí,  cargante y hueco. Si el cosmos en su sentido más general es un sistema ordenado y armonioso, a mí personalmente el caos intencional  Cosmos no me produjo sensación alguna de armonía y orden, pero puede ser  que a otro sí.

No vamos al cine a reafirmar con los ojos de la cámara lo que ven los nuestros; vamos al cine a ver lo que otros ojos,  los de la cámara tan distintos a los nuestros, son capaces de ver.

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