Una segunda parte con exuberantes dragones que recuerdan la azulada Avatar.  La historia está bien contada, sus personajes son atrayentes y el ritmo no decae pero al conjunto le falta lo que le sobra a los dragones: vuelo. En Cómo entrenar a tu dragón 2 se vuelve, con gran efectismo pero también con gran facilismo, al cuento guerrero. Un pueblo feliz que de pronto se ve amenazado por  un poder terrible y perverso.  A partir de ese momento todo se dirige hacia la gran confrontación.  El clímax siempre es la gran batalla y la sorpresa por quien la gana  siempre es el desenlace inesperado que todos esperamos.

En la rutilante carrera en la que está metida la animación, romperá la regla y sobresaldrá del  montón aquella película que renuncie a tanta exuberancia tecnológica y se arriesgue, con la simplicidad que demanda su  naturaleza y su público,  a contar una historia distinta, a replantear las relaciones entre buenos y malos y a  proponer nuevas fórmulas de romance y enamoramiento.

El cine infantil es, junto la comedia, al más expuesto  al apresuramiento comercial. No debiera ser así. Su público, bullicioso  y atiborrado de  crispetas y gasesosas,  tan espontáneo como implacable y tan natural como ácido, se merece todo el respeto. No basta consentirlo y entretenerlo como bien lo hace Como entrenar a tu dragón 2. Hay  que  conmoverlo y hay que estremecerlo para que en veinte años lo que hoy vieron se convierta en un recuerdo indeleble y para que la emoción por el cine trascienda a pasión.

Cómo entrenar a tu dragón 2
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Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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