Colossal
Diego Solorzano4
LO MEJOR
  • El tratamiento de la violencia fuera de cámara, interesante y bien realizado.
  • Una premisa potente y atractiva
LO MALO
  • Actores y personajes desaprovechados.
  • Un final atroz que dinamita toda la película
  • Un guion flojo que lleva a la nada
4REGULAR

OTROS TÍTULOS: Colosal: Un monstruo incontrolable

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 49min

GÉNERO: Drama, Comedia

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Nacho Vigalondo

ESTRELLAS: Anne Hathaway, Jason Sudeikis, Austin Stowell

 

Cuando Godzilla amenazaba las palaciegas estructuras de un Japón aterrorizado, no lo hacía por convencionalismos genéricos de una película de monstruos moderna sino como representación imparable del terror atómico que sintió el pequeño gigante nipón tras la segunda guerra mundial y la desaparición casi total de dos ciudades de mediano tamaño. Un terror que se ha diluido en las películas de monstruos tanto orientales como occidentales, quizás por desapego emocional a aquella catástrofe nuclear, o más bien una progresiva desensibilización y costumbre al rearme que todas las potencias han empezado.

Probablemente se debe al fin de la guerra fría, cuando el pánico por el holocausto nuclear menguaba y el reloj del apocalipsis retrocedía quince minutos, cuando al fin todas las guerras parecían ganadas y los únicos conflictos trasladados a la modernidad se podían observar a través de CNN en Oriente medio de un modo completamente impersonal e insensible, tan insensible como para trasladar los conflictos al alma de los individuos y sus propios problemas morales con la sociedad que le rodean, como algún anónimo cierta vez profetizó: Primum vivere deinde philosophari. La humanidad ha alcanzado un grado de desasosiego moral hacía sí misma que requiere crear nuevos monstruos filosóficos, consignas humanas que trasladen y focalicen esos conflictos internos.

Esa es la premisa de Vigalondo en Colossal, una premisa jugosa y basada en la literalidad nipona con el género de Kaijus, pero trasladada a las dudas existenciales que atraviesa una joven –como cualquier otra– en occidente, acosada por su propia inutilidad en el gran ordenamiento del cosmos y refugiada en el alcohol como arma para la humanización de su humanidad. Gloria es una joven como muchas otras que requiere de un retiro espiritual, primero para vivir y luego para filosofar aunque entre aquel camino tortuoso del alcohólico anónimo descubrirá que en manos de su propia irresponsabilidad están la vida de millones.

Es difícil hablar de Colossal sin arruinar gran parte de lo que hace su premisa interesante, no obstante puedo dilucidar perfectamente como fracasa al darles profundidad necesaria. La nueva película de Vigalondo repite los interesantes inicios de sus anteriores cintas, planteando bases sorprendentemente originales pero también crípticas, con un juicio de moral mayor al que al final puede manejar. No seguiré hablando de la trama del díptico de Vigalondo sino de sus falencias, como el manejo de personajes tan mediocre, simplista y superficial del cual hace gala en la cinta. El problema nunca es la representación de los vicios de la humanidad sino por qué deshumanizar a la humanidad, el personaje de Jason Sudeikis y sus motivaciones, en principio colosales, acaban reducidos a una caricatura con traumas infantiles y molestos.

Al final Colossal acaba siendo decepcionante por como desperdicia todo lo interesante de su trasfondo moral y su concepción como  espejo de las irresponsabilidades de la vida adulta a través del prisma de la película de monstruos y como las decisiones tomadas en estado de alcoholismo acaban afectando no solo a nosotros mismos sino también al mundo que nos rodea. Es espantoso observar como la película se escapa de las manos a Vigalondo (como sus anteriores obras…) y acaba disminuyéndola progresivamente a una parodia de sí misma, sin ninguna conexión espiritual con su prometedor inicio.

Sin embargo, aun cuando falla en casi todo, el director español sigue demostrando cierta maestría al narrar fuera de cámara, denotando en ciertas escenas sabiduría al momento de narrar el suspense con cámara en off y dosificando las consecuencias del accionar de nuestros protagonistas a un plano más divino como las películas de Godzilla clásicas, donde el reptil avanzaba aplastando la ciudad y matando millones aun cuando en pantalla gran parte de esta destrucción pasara inadvertida. Al final la violencia no es importante sino los orígenes de esta misma.

Lamentablemente esto es un oasis en el infantil esquema final de Colossal, que no logra hacerse atractivo como sátira de un problema social ni como una búsqueda filosófica de la redención espiritual del individuo hacia una sociedad destruida por su accionar. Lamentablemente Vigalondo parece esforzarse hacia el final de la película por hacer irrelevante la lucha interna de Gloria y Oscar por ser mejores adultos en un mundo de niños, sin embargo acaba ahogándose por su propia irrelevancia infantil y  no aprovecha el parque de diversiones que ha construido en un inicio. Entiendo su intento por igualar los niños con la irresponsabilidad adulta, pero su concepción y realización como tal, acaban convertidas en una colosal decepción, donde lo más impactante será sentir el paso del tiempo perdido en la sala de cine.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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