Colombia fue nuestra
Daniel Ricardo Ortega8
LO MEJOR
  • Gran calidad técnica y poética a la hora de registrar los hechos
  • Fundamental para entender el conflicto armado reciente en Colombia
  • Banda sonora impecable
LO MALO
  • Si no eres colombiano tendrás un poco de dificultad para seguir el argumento
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Colombia in My Arms

AÑO: 2020

DURACIÓN: 131 min

GÉNERO: Documental, Drama

PAÍS: Finlandia, Francia, Dinamarca, Noruega

DIRECTORES:  Jenni Kivistö, Jussi Rastas

 

Hablar de un documental sobre la realidad de Colombia puede ser algo reiterativo, pantanoso, difícil de ver. Algo que muchas personas quisieran evitar, sobre todo si nacieron en este país. Y luego nos encontramos con Colombia fue nuestra. Hay que decir, sin lugar a dudas, que es una obra diciente, profundamente poética. En este sentido, el espectador que se encuentra con esta obra no será sumido por arenas movedizas. Desde el primer momento, la imagen de un arma con la insignia del Ejército nacional operada por un combatiente, excombatiente, de las FARC, entraremos en el país de todas las tonalidades del verde, un país extraño si lo cuentan desde afuera.

No es un detalle menor que los directores Kivistö y Rastas, de nacionalidad finlandesa, hayan logrado acercar dos polaridades, por un lado la realidad de los combatientes de la guerrilla más antigua de América, y por otro lado a un descendiente de la decadente aristocracia, así como a una vocera del partido de extrema derecha, Maria Fernanda Cabal. El hecho de que los realizadores sean extranjeros le confiere a la película una mirada fresca, con un nivel de detalle que abofetea en la cara, nos confronta con una realidad asumida y hasta pasada por alto. De igual manera, como los directores explicaron en el dossier de prensa, el hecho de ser ajenos les abrió las puertas a ambos bandos, los cuales hablaron sin censura.

 

 

Esta película confronta, porque no se puede mirar hacia el otro lado, como seguramente muchos hemos hecho ya. Porque cuenta el proceso de paz desde la esperanza y la desesperanza, como unos hermanos que están enfrentados por un pedazo de tierra lleno de riqueza. Es un gran acierto la cercanía de la cámara a los personajes que intervienen en la historia, como en el momento en que el Vicepresidente para 2017 y 2018, el ex general Óscar Naranjo llega a una zona de reincorporación, ETCR, y se ve asediado por miles de campesinos que exigen respuestas ante las falencias en los procesos de sustitución de cultivos ilícitos. En ese momento podemos apreciar la brecha abismal, cuando el vicepresidente da unas respuestas a medias para luego retirarse en helicóptero, dejando a la población maniatada.

Un campesino que toda la vida ha cultivado coca es muy claro al decir que los gobiernos son los que no cumplen con las promesas. Que hay que “aprovechar la guerra para vivir”. Todos los gobiernos, que no dejaron más alternativa que seguir trabajando en los cultivos ilícitos, son los grandes responsables. La falta de oportunidades, la necesidad de tener un sustento diario, la inasistencia del Estado, son algunas de las causas que llevaron a muchas personas a vivir del negocio de la cocaína.

 

 

Y al otro lado observamos a un descendiente de aristócratas, con una botellas de whisky en la mesa y un vaso en la mano, que le ha servido su empleado, ¿siervo? Es impresionante cómo pasamos de una realidad a otra así no más, sin dolor, sin ninguna preparación previa, salvo unos paneos muy elocuentes, que veremos a lo largo del filme. “Éramos dueños del mundo y Colombia era nuestra”, es lo que puede atinar a decir este personaje, para quien la clase alta se está diluyendo como el cigarrillo que se fuma frente a la cámara.

Como si esto fuera poco los realizadores hablan con Maria Fernanda Cabal, en el recinto del congreso. Cabal, vestida de un blanco impoluto, acusa a Juan Manuel Santos de hacer tratos con las FARC por dineros provenientes de otros países. Recalca que harán trizas los acuerdos de paz una vez lleguen de nuevo al gobierno, algo de lo que parecía estar completamente segura en ese momento, antes de que Iván Duque llegara al poder en 2018.

Así, entre las voces de una derecha radical, y las voces de excombatientes que están a la espera de un nuevo futuro, lejos de las armas, se va tejiendo Colombia fue Nuestra. De nuevo, la cámara está muy cerca, se posa cerca a los militares empuñando sus armas encima de helicópteros, en los espacios de reincorporación de las FARC, en el Congreso de la República, en los Chongos o laboratorios de coca, en la plaza de toros, etc. Esta cercanía nos adentra más a esa realidad injusta, a este abismo que a 2021 se ha vuelto pesadilla.

 Quienes quieran ver esta película pueden rentarla o comprarla en el sitio de Mowies.