Colette : Liberación y deseo
Andrés Quintero6.5
LO MEJOR
  • Su cuidadosa puesta en escena
  • Keira Knightley
LO MALO
  • Por su preocupación estética, el desaprovechamiento de un personaje al que pudo sacársele mucho más.
6.5Interesantes

TÍTULO ORIGINAL: Colette

AÑO: 2018

DURACIÓN: 1h 52min

GÉNERO: Biografía, Drama

PAÍS: Reino Unido

DIRECTOR: Wash Westmoreland

ESTRELLAS: Keira Knightley, Dominic West, Denise Gough, Fiona Shaw, Robert Pugh

 

Por las razones que fuere, hay géneros cinematográficos con los que nos sentimos más compenetrados, mejor conectados. La regla, felizmente, no es absoluta. Hay quien, por ejemplo, se declara reticente a todo lo que se llame comedia hasta que se topa con una que le abre un agujero en la tela de sus gustos. Dejando a buen cuidado estas excepciones, es indudable que desde muy temprano el cinéfilo – o simplemente a aquel que le gusta el cine – va marcando sus preferencias. Entre las mías no figura el género biográfico, el hoy llamado biopic, en cuya galería variopinta se apilan muestras para todos los gustos, los gustos de un público al que le gusta – y no pocas veces con visos de pasión – que le cuenten la vida de los notables y famosos y, porque no, de cuando en vez la historia de algún sombrío y anónimo personaje.

Colette cuenta la vida de la escritora francesa Sidonie-Gabrielle Colette. El relato comienza mostrándonos una Gabrielle (Keira Knightley) campesina de largas tranzas y mirada melancólica que, a la orden afectuosa de sus padres, recoge frambuesas en el huerto de su casa. Así de apacible y bucólico era su entorno. Rasga con estrépito este sopor rural la llegada de Willy (Dominic West), un reputado y sofisticado escritor que se enamora de Gabrielle y termina llevándosela, ya como su joven esposa, a esa Paris rutilante, sofisticada e intelectual de comienzos del siglo veinte. Será en la ciudad luz donde Gabrielle vivirá un vertiginoso proceso, no tanto de cambio, como de reconocimiento y consolidación de su verdadera y por mucho tiempo acallada personalidad. Surgirá, desmarcándose del dominio machista de su marido y del chisme social, la mujer escritora que de manera irreverente, osada y fresca irá revelándole a los franceses la realidad que ya viene bullendo en los cafés parisinos, en los lechos matrimoniales y en las clandestinas y femeninas conversaciones que hasta entonces solo tenían como testigo mudo al imponente Sena.

La película del director Wash Westmoreland recrea la Paris de comienzos del siglo pasado echando mano de la formula infalible de ese preciosismo, un tanto irreal y exagerado, donde los rostros, el vestuario, los cafés, los bares y los personajes son, todos ellos, un derroche de esplendor, sofisticación, belleza y elegancia. La sensibilidad hacia lo bello, el encumbramiento de la creación artística y un epicureísmo desbordante parecen permear cada esquina parisina. Es en medio de este ambiente que la protagonista deja de lado a la Gabrielle resignada y conforme para reeemplazarla por la impetuosa y arriesgada Colette.

Suele sucederme en las películas de época , y Collete no fue una excepción sino una rotunda confirmación, que tanto esmero y tanto cuidado en el detalle estético terminan restándole potencia y credibilidad a una historia contada con propósitos de verdad. Acercamientos más crudos a la realidad de una mujer incomprendida por su esposo y su entorno social, una París con algunos gramos menos de glamour y una visión menos ligera del impacto social de una obra literaria insurgente y vanguardista, habrían ayudado a transmitir una, quizás menos placentera, pero sí más realista y tocante perspectiva de esta escritora. Es cierto como dijera el inmortal Rick en Casablanca que siempre nos quedará aquella París de ensueño pero valdría la pena, sobre todo en películas biográficas o de época como Colette, esquivar la tentación preciosista y arriesgarse con una París más sincera y completa. Sus encantos y personajes en nada se demeritarán con ello, ganarán por el contrario en veracidad y credibilidad.

Líneas aparte para hablar sobre la actuación de Keira Knightley. Quince años han transcurrido desde su rol iniciático en Love Actually, una de esas películas que siempre resulta grato toparse en los zapping televisivos. De la mano maestra de Joe Wright la Knightley ingresó a ligas profesionales con Orgullo y Perjuicio (2005) y Expiación , Deseo y Pecado (2007) y Ana Karenina (2012). En Colette la actriz inglesa se echa a cuestas la película con una actuación que exalta, además de su perturbadora belleza, sus dones y talentos actorales. Sin embargo las exigencias de un guión o de un director, por bien que se las cumpla, no siempre desembocan en buenas caracterizaciones y eso es lo que pasa con esta Colette. En todo caso por bella y talentosa a la Keira se la quiere, aunque sea , o quizás por ser, una chica Chanel.

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