Coco
Andrés Quintero8.5
LO MEJOR
  • Desde su marcado acento mexicano, su emotiva universalidad
  • Todos y cada uno de sus personajes
  • Como en los avisos de antaño, el ser una película "para todos los públicos"
LO MALO
  • Yo le habría metido un par de rancheras más
8.5Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Coco

AÑO: 2017

DURACIÓN: 1h 45min

GÉNERO: Animación/Fantástico/Comedia 

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTORES: Lee Unkrich, Adrián Molina

 

Los colombianos tenemos algo, o quizás mucho, de mexicanos.  Quizás las cosas hayan cambiado de unas generaciones para acá, pero la mía al menos y con toda certeza las anteriores, fueron generaciones que crecieron bajo el influjo multicolor, machista, picante, alegre y rezandero de la cultura mexicana.  La galería de sus influyentes personajes es extensa y si me pusiera a ordenar, con fotos y todo, el rincón de mis queridos manitos tendría que abrirle espacio, entre otros,  a Cantinflas y  a Juan Rulfo; al Chavo del Ocho y a Rufino Tamayo; al Enmascarado de Plata y a Diego Rivera; a Javier Solis y a la Lupita.

Ha de ser por  esa innegable traza con sabor a tortilla y por ese inexplicable gusto por las máscaras multicolores de la lucha libre, que tanto me gustó Coco, la última película de Pixar y Disney. Con guión de Adrián Molina y Matthew Aldrich, Coco cuenta la historia de Miguel, un chico que rebosa música por todos los poros pero al que su familia, por un pasado doloroso asociado con un músico de ingrata recordación,  obliga a dedicarse al oficio, digno pero menos resplandeciente que el de cantar, de hacer zapatos. Movido por la sangre, Miguel se revela contra esta imposición familiar y eso lo lleva a un periplo por la tierra de los muertos, una tierra que en lugar de penumbrosa y sombría,  destila colorido y alegría por el mito generacional que los mexicanos han creado a su alrededor.  Allá se topará con sus antepasados y serán estos lo que le ayudarán a conciliar su avasalladora vocación musical con el valor fundante de la unión familiar.

Coco es un tributo a esa cultura mexicana marcada por un amor tan apasionado por  la vida  que no bastándole la terrenal , le ha agregado esa otra, ultramundana, en la que habremos de encontrarnos con los que seres queridos que nos han precedido en la partida. Habrá de ser, el que nos reúna con los nuestros, un reencuentro, pero no etéreo y celestial como los catecismos lo pintan, sino rebosante de esa alegría  que dan los abrazos, los cuates, un grito lastimero y, como ha de faltar, un buen trago para brindar.

Al estilo de Fantasía, El viaje de Chihiro, Toy Story, El Rey León  o Intensamente, para citar solo algunas de las grandes del  género,  la película de Adrián Molina y Lee Unkrich tiene sobrados méritos para dejar marca en el fascinante mundo del cine animado. Aunque Coco destila México por todas partes, su esencia es universal y eso hará que se la quiera en países, como el nuestro, umbilicalmente ligados a la tierra de Octavio Paz y de Juan Gabriel pero también en aquellos otros que jamás han tenido el privilegio de oír  al maestro Lara cantando su María Bonita.

La película salta amablemente de este mundo al otro usando como puente a un chico encantador que interactúa con igual solvencia con sus “carnales” y con  sus “espirituales”, estos últimos una simpática cofradía de esqueletos  que  lustran el rostro amargo de la muerte.  Los escenarios contrastan. Está el del pueblo y la casa de Miguel, coloreados de tradición y con esa presencia dominante y determinante de la madre como epicentro de todo y está, también,  ese más allá presentado como una versión mejorada, ósea y no espiritual,  de nuestra morada terrenal. A fin de cuentas si la promesa de otra vida viene envuelta en papel de felicidad, la única que conocemos es la que esta vida, a pedazos, nos ha regalado. Por eso en la tierra de los muertos, bella versión folclórica del cielo y el infierno,  resuenan las trompetas, canta el ídolo y el público emocionado lo ovaciona. Todo lo compagina con maestría Coco al punto de trascender, sin abandonarla,  la aventura infantil, modulándola de tal forma que risas y la lágrimas vendrán de niños y grandes.  Eso solo lo logran las muy buenas películas de animación.

Razones para verla y para después quererla? A nivel de trama,  cuenta  una historia novedosa con giros atrapantes y un desenlace inesperado; tiene, los unos vivos los otros muertos,  unos personajes entrañables de cuyo influjo de querencia resulta imposible escaparse; su técnica visual , ajena a ostentaciones y  derroches, es impactante y, quizás lo más importante, su mensaje, sin almíbares y empalagos , es conmovedor y perdurable. La unión familiar,  el valor inestimable de siempre recordar a aquellos a quienes alguna vez quisimos o todavía queremos, la franqueza por dolorosa que sea y la batalla, cotidiana y anónima, por la realización de nuestros sueños, son los temas por los que Miguelito nos lleva tomados de su mano, esa mano que como la nuestra habrá de convertirse, tarde que temprano, en un atado  de huesillos que quizás sirva, en esa otra vida que todos anhelamos, para rasgar las cuerdas de una guitarra,  para aprisionar un vaso de tequila o, lo más importante de todo,  para estrechar de nuevo una mano amiga.

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Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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