Coco Antes De Chanel
Autor6
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
8.0

TÍTULO ORIGINAL: Coco avant Chanel

OTROS TÍTULOS: Coco Before Chanel

Gabrielle, una niña que tendrá unos cinco años, callada y retraída, es internada en un orfanato dirigido por religiosas. Al entrar  fija su mirada de niña asustada es en esa suerte de pajarraco blanco que las monjas llevan por sombrero.  Es esa mirada la que nos hace presentir, desde el comienzo de la historia, que Gabrielle tiene un talento especial, una finísima sensibilidad hacia los atuendos, esa suerte de disfraces que por  muy distintas razones desde siempre los hombres nos hemos colgado para ocultar o, en veces, insinuar nuestra desnudez.

Coco antes de Chanel  cuenta los primeros años de Gabrielle  una modesta niña que desde muy temprano deja ver  su inconformidad creativa con el modo de vestir que la rodea. Es ella misma la que empieza, con su vestir adusto y un tanto masculino, a diferenciarse de una moda femenina marcada por la exuberancia o, quizás sea más exacto decirlo así, por un boato sin gusto, por una exageración que privilegia el vestido y menosprecia, como si tratase de un maniquí más, a quien lo porta.

La película se centra en esta Gabrielle a quien desde muy temprano se la llama, simplemente, Coco.  Una mujer que no sólo se reveló  contra el modo de vestir de su momento, sino que disintió del modo mismo de entender y valorar, en pareja y en sociedad, el rol de la mujer. Veía, con una mezcla de pesar y asco, como las mujeres que la rodeaban centraban todos sus anhelos en un hombre idealizado que las haría reinas. Como la inmortal Emma de Madame Bovary,  todas obnubiladas por la romántica caricatura de la espera apasionada de su príncipe azul. Ella, la desconcertante y, a la vez,  deslumbrante Coco, no podía ser como las otras. Ni en el vestir ni, mucho menos, en el ser. A fin de cuentas para la Coco en el vestir se revela la forma de ser.

Anne Fontaine la directora de Coco antes de Chanel  intentó resaltar los rasgos de un personaje sobre el cual se pueden construir – y se han construido ya –  historias repletas de rebeldía, creatividad y pasión. Que tanto lo haya logrado la Fontaine en Coco antes de Chanel  es cuestión de gustos y apreciaciones subjetivas. Yo me atrevería a decir que Coco gusta y entretiene pero no zarandea, no conmueve. El personaje, encarnado por la bella Audrey Tautou, nos atrae sin llegar a enamorarnos. Quizás se deba – y eso sería un punto a favor de la película – a que así precisamente era la Coco: encantadora pero a la vez inaccesible, turbulenta pero siempre distante y fría. En esto la interpretación que hace la Tautou de Coco se diferencia abiertamente de la interpretación que su coterránea Marion Cotillard hizo de la gran Edith Piaf en la Vie en Rose. Personalmente no creo que de esta comparación deba resultar ganadora la actuación de la Cotillard. Lo que sucede es que siendo ambos fascinantes como personajes, la Piaf era un torrente incontrolado de sentimientos y pasiones mientras que la Coco era, como sus elegantes diseños, siempre sobriedad, apenas la insinuación, nunca la abierta provocación. Ambas actrices logran trasmitir tan disímiles temperamentos. Otra cosa es que el uno nos rasguñe directamente el alma y el otro nos recuerde, desde la distancia fría, que también el silencio y la discreción son formas válidas de rebelarse.

Rescato muchas cosas de Coco antes de Chanel. Me gustó la escena del mar: los pescadores en la orilla con su botín de pescados plateados; pero más me gustó que ese impactó visual se convirtiera luego en una desenfadada camiseta, en un exuberante sombrero. Me gustaron las frases ácidas y cortantes con las que Coco juzgaba sin compasión a una sociedad adherida a valores de pacotilla. Me gustó la escena final en la que,  servida por la multiplicación de imágenes que provocan los espejos, la cámara nos deleitara con el desfile de modelos y, entre ellas, siempre discreta, siempre enigmática, sentada en la escalera, la bella Coco. Pero sobre todo me gustó la plácida sensación que me acompañó durante toda la película. Hay películas que tan pronto empiezan nos activan el sensor de la apreciación crítica; hay otras en cambio, como me sucedió a mí con Coco, que nos lo adormecen y nos dejan pasearnos sin prevención por una historia a la que quizás pudo faltarle ritmo, fondo y tensión pero a la que le sobró, como a un buen diseño, belleza, discreción y el secreto encanto de la insinuación.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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