Ciudadano Kane
Julio Cesar Padilla9.5
Andrés Quintero10
Humberto Santana10
LO MEJOR
  • Welles rompío el canon de la época con esta película y con esta hizo su debut un nuevo cine.
  • Una impecable narración que nunca desatiende lo visual.
  • De todos esos destacados actores del Mercury Theatre, las actuaciones de Orson Welles y George Coulouris siempre serán las mejores.
LO PEOR
  • La brevedad de la niñez de Kane.
  • Que solo podamos imaginar lo que significa ser criado por un banco y no lo podamos ver por las elipsis.
  • Que insistan en ver a Kane únicamente como William Randolph Hearst.
9.8Excelente

Ciudadano_Kane-162628605-largeTÍTULO ORIGINAL: Citizen Kane

OTROS TÍTULOS: El ciudadano

AÑO: 1941

DURACIÓN: 119 minutos

GÉNERO: Drama, Misterio

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Orson Welles

ESTRELLAS: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane, George Coulouris, Dorothy Comingore, Ray Collins

 

La primera obra de Welles fue intempestiva, probablemente eso era lo que buscaba, lograr una pieza con una gramática visual propia y fundacional, ese es el mérito de los autores atrevidos y de las obras audaces: son intemporales.

Al principio aparecen capas, distintos planos que se yuxtaponen y anuncian con su literalidad que detrás del misterio de la palabara “Rosebud”, existen varias versiones que hacen la historia. Se presentan con estos primeros planos, una nueva forma de iniciar. La linealidad simplista del inicio-nudo-desenlace quedó rota luego de Citizen Kane. Welles demostró que es posible contar desde atrás, hacia adelante y viceversa.

Los análisis sobre esta película señalan que los aspectos más destacados son los flashbacks, la profundidad de campo, las tomas con lente gran angular y el sonido. Sin duda, todas estas virtudes fílmicas necesitaban ser expresadas para una renovación de un cine de 40´s, usualmente predecible.

Aunque la mayoría de las lecturas sobre esta película, hablan de Kane como un mercader de información, yo lo vi más como un incomprendido. Una persona que fue criada por un banco, de quien su madre espero que fuera el antónimo de su progenitor y que tomó sus decisiones como un caprichoso.

La niñez de Kane es un espacio que Welles deja al espectador. Solo sabemos de Kane lo que dicen de él Tatcher, Bernstein, Susan y Leland, quienes fueron parte de su vida adulta y entonces solo podemos especular sobre esa primera etapa. Como espectador debo decir que esas elipsis de la niñez no me gustaron o más bien esa etapa me hizo falta.

Por otro lado, creo que una de las mejores secuencias con profundidad de campo, se da precisamente cuando la rígida madre de Charles-niño entrega su hijo al banco. Por la ventana, entra y sale la cámara, y desde allí lo vemos en perspectiva. Acudimos como testigos que entienden que él no tomó la decisión de marcharse. A la vez, vemos a Thatcher persuadiendo al padre insignificante y entregando los documentos para la rubrica de la Sra. Kane. Mientras, en la nieve, Charles juega, siendo el niño inocente que la escena logra mostrar, el niño con su juguete.

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Allí también vemos claves para el misterio detrás de la palabra “Rosebud”, que al finalizar la película, entendemos como menos importante que los detalles de la vida del Kubla Khan americano.

Inevitablemente, el espectador relaciona la primera secuencia de la bola de cristal rota, donde también había una pequeña casa en medio de la nieve, y entiende ahora que quizá “Rosebud” es un lugar por habitar, el cual ya no conocerá Kane y eso es una buena parte de su condición de incomprendido. Él mismo no comprende la razón por la cuál debe irse; todo parece indicar que se trata del sueño de su madre de “un mejor futuro”, pero esa es solo una posibilidad.

Ahora bien, una parte del contexto de la (y en la) obra es la guerra y en ésta, la insostenible neutralidad (temporal) de EEUU, que Welles siempre cuestionó. En la película quizá hay algo de esa postura. Concretamente, la secuencia de titulares en que se anuncia la muerte de Charles Foster Kane, un simple sujeto que aunque dueño del epítome del placer en la tierra: Xanadú, inmenso en su inmensidad, propietario, desmesurado coleccionista  y vendedor de información, era otro tipo muerto. Sin embargo, al lado de la muerte del landlord de Xanadú, hay noticias de lo que pasa en Europa (la guerra, los nazis…etc), pero estas son apenas diminutos títulos en la tipografía de la información discreta que nadie lee. En comparación con el titular principal: Charles Foster Kane, el maestro del destino le llegó la parca, son apenas mera letra menuda.

maestro del destino

En el inicio también vemos en el obituario, que a Kane se lo llama landlord de Xanadú y esta referencia va del objeto al sujeto, de ahí que el efecto en el espectador sea el deseo de conocer más, una vez va encontrando respuesta: ¿Qué es Xanadú?, ¿cómo lo hizo?, ¿qué cosas habrá vivido?, ¿por qué tantas fastuosas estatuas, pinturas y antigüedades? Y la que esperaban Herman J. Mankiewicz y Orson Welles que tuviésemos todo el tiempo ¿Quién era Kane?. Eso es un gran logro, el que la narración despierte el interés al comenzar -casi de inmediato- y lo mantenga hasta el final e incluso después, todavía me pregunto ¿Quién fue?.

Finalmente, creo ver a un Kane difícil de definir, así es como son en la realidad las personas lejos de la lógica bueno/malo. En vez de definirlo puedo decir que Charles vivió la vida de un americano capitalista y acumulador. Como dice Guillermo Cabrera Infante “El ciudadano [Kane]… es a la vez una apología de un capitalista y una diatriba contra el capitalismo… es una obra de arte, no un panfleto” y es por eso es que Paolo Mereghetti nos dice que el cine de Welles se podría caracterizar con dos palabras: ambiguo y complejo. Sin duda desde antes de Citizen Kane podemos ver su rechazo a la simpleza, a las reglas del canon estilístico de su tiempo y también una arrogancia creativa que incomodó a Hollywood, cosa que lo dejó durante largo rato en el exilio en que viven siempre los demasiado honestos.

Notas y referencias

1- Mereghetti, P (2007). Orson Welles. Grandes Maestros del Cine.  Cahiers du cinéma.

2- Cabrera, I. G. (1978). Arcadia todas las noches. Barcelona: Editorial Seix Barral.

 

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