Cantando bajo la lluvia
Nicolás Tirado9.5
LO MEJOR
  • La musicalidad de este clásico
  • El talento en las escenas de música y baile, probablemente las mejores de la historia de los musicales de Hollywood
  • La reconstrucción de un momento de la historia del cine de manera crítica
LO MALO
  • Un final demasiado feliz, tal vez demasiado propio de la época
9.5Excelente

TÍTULO ORIGINAL: Singing’ in the Rain

AÑO: 1952

DURACIÓN: 103 min

GÉNERO: Comedia, Musical, Romance

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Stanley Donen, Gene Kelly

ESTRELLAS:  Gene Kelly, Donald O´Connor, Debbie Reynolds

La semana entrante van a proyectar en Colombia, nuevamente después de 65 años de su estreno, el que para muchas personas es el mejor musical de la historia, “Cantando bajo la Lluvia”, o “Singin’ In The Rain”.

Creo que nadie -al menos en mi generación- puede decir que no ha oído hablar de esta película, o que en alguna parte del cerebro no tiene el estribillo de la canción que presta su nombre a la cinta, en la voz de Gene Kelly, quien en este caso tiene la doble calidad de actor principal, en el rol de Don Lockwood, y de co-director junto con Stanley Donen.

Pero, tantos años después, ¿qué puede decir uno de este clásico que no se haya dicho ya en los miles y miles de artículos y reseñas que hay al respecto? El reconocimiento de esta obra es impresionante, como da cuenta la cantidad de textos que la analizan.

Tal vez dar una recomendación directa: no hay que dejar de verla. Para los menos entusiastas, también se puede ver en iTunes (no está en Netflix), pero nunca será lo mismo experimentar esta versión reparada del clásico de 1952 en la casa que en una sala de cine, donde la fuerza de un musical tal vez alcanza su máximo potencial.

Ahora más allá de lo impecable de las canciones o del talento de Kelly, Donald O’Connor (Cosmo Brown) y Debbie Reynolds (Kathy Selden) en los diferentes números de canto y baile que han inmortalizado la película, vale la pena mencionar un par de aspectos adicionales por los cuales decimos que hay que ir a verla.

En primer lugar, la profundidad de la película, que es una grata sorpresa. A pesar de haberse filmado unos 30 años después, está ambientada en los años 20s, al momento de la transición entre el cine mudo y el cine con diálogos en Hollywood. Contrario a lo que uno esperaría, la película hace énfasis en este momento de la historia del cine, mostrándose profundamente crítica con asuntos como el hecho que los actores antes podían darse el lujo de no tener talento (como la Lina Lamont de Jean Hagen, que es bien pintoresca, pero sin llegar a ser una caricatura de personaje) pero este cambio en la tecnología los obligó de alguna manera a reinventarse para adaptarse a las exigencias del público y no quedarse atrás como una reliquia (palabras robadas del mismo Don Lockwood).

Y es que Singin’ in The Rain, con toda su musicalidad, es una película sobre una película (o varias), que aborda ese particular momento de la historia haciéndole un poco de zoom a la industria y todos sus jugadores: una actriz talentosa pero varada, un productor ambicioso pero sin demasiadas ideas, un sidekick de personaje principal que tiene el talento pero no la pinta para triunfar…A pesar de que todos estos personajes aparecen en escena con un enfoque casi que cómico, no deja de sorprender la crítica mordaz que la película hace a Hollywood y sus estereotipos.

Ahora no por el hecho de que el énfasis en este artículo no esté en los aspectos musicales de la película quiere decir que sean menos que impresionantes. Las escenas de baile y canto realmente no tienen igual, tanto que los números casi que parecen fáciles de hacer para el espectador desprevenido. Al verla, los personajes se ven tan felices que jamás pensaría uno que Gene Kelly era un tirano que maltrataba a Debbie Reynolds por ser gimnasta y no saber bailar, que ella bailaba hasta que le sangraban los piés o que el actor que interpreta a Cosmo Brown duró varios días en el hospital después de la famosa escena de “Make’em Laugh”, como consecuencia de los cuatro paquetes diarios de cigarrillos que se fumaba

Al final, y esto tal vez es el único lunar que podría mencionarle a esta obra maestra, hay un final feliz hollywoodense tradicional donde los malos pierden y son castigados, los buenos triunfan, el amor es más fuerte y todo lo vence, etc, etc, etc.

Recomendadísima para ir a ver en cine con la mama o la tía, o a alguien que haya vivido la influencia de esta película en su niñez o juventud, que seguro la va a disfrutar. Clásicazo donde lo mire: Bogotá, Hollywood o Shanghai.

 

 

 

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