Candilejas
Andrés Quintero9
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TÍTULO ORIGINAL: Limelight

AÑO: 1952

DURACIÓN: 2h 25min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Charles Chaplin

ESTRELLAS: Charles Chaplin, Claire Bloom, Nigel Bruce, Sydney Chaplin, Norman Lloyd,Buster Keaton,

 

Con Candilejas, Cine Colombia cerró su ciclo de  clásicos de Charles Chaplin. En esta oportunidad con unas  películas (entre ellas, Una mujer en Paris, Monsieur Verdox y Un rey en Nueva York) que no forman parte de la programación habitual de los tributos que alrededor del mundo se le rinden a este grande entre los grandes.

Candilejas nos muestra otro Chaplin. Levemente camuflado tras la máscara de un cómico desvencijado y alcoholizado, este Chaplin  aparece ante el esepctador, en medio de su indiscutible genialidad, más próximo, más humano.    Acostumbrados como estamos  al inolvidable personaje de Charlot, en esta, su  última película rodada en Estados Unidos,  Chaplin hace, en tono autobiográfico,  una muy sentida manifestación de su credo por la vida, por el oficio artístico, por la solidaridad, por la compasión  y, envolviéndolo todo, por una existencia auténtica capaz de arriesgarlo y sacrificarlo todo por sus anhelos y convicciones.

Calvero (Charles Chaplin) es un cómico en decadencia. Sus años de gloria son cosa del pasado y es en ese deambular otoñal que se encuentra, salvándola del suicidio, con Thereza (Claire Bloom) una bailarina a la que sus piernas no les responden, paralizadas por las inseguridades y miedos de quien alguna vez y con un enorme talento las puso a bailar.  Así se arma esta inusual  dispareja  que termina compartiendo, bajo un mismo techo y sin pretensiones de tejer amores imposibles,  frustraciones, anhelos, miedos y sueños.  De esta “escandalosa”, comprensiva y hermosa convivencia ambos sacarán  el aliento  para reencontrarle sentido a sus vidas.

Con unos diálogos poderosos cuya teatralidad nunca desentona, con unos personajes y unas escenas entrañables (la presentación  de  Chaplin al violín y  Buster Keaton al piano es soberbia y memorable) , con una cámara arriesgada y creativa y con un bouquet exquisito, Candilejas es una oda al amor, no al romántico de candelabros en la mesa de la pareja, sino  a ese otro de la comprensión, el apoyo y la compasión entre dos seres cuyo destino está enmarcado por las pálidas candilejas que iluminan el proscenio.

El gran crítico cinematográfico estadounidense Roger Ebert decía que su hora ideal  para ver una película eran las diez de la  mañana.  Quienes lo secundamos en esa apreciación sentimos que la mañana predispone mejor el ánimo y la cabeza y el corazón para ver el cine.  La última función de Candilejas fue el pasado domingo a las doce del día.  Tan inusual como perfecta hora para ver esta joya. Paréntesis en medio del día para sumergirse, por más de dos horas, en una historia tan melancólica como esperanzadora, tan trágica como reconfortante.  Una de esas películas en las  que se deponen todas las inútiles armas con las que nos hemos ido cargando cuando vamos al cine; una de esas películas – tan pocas, tan escasas –  en las que la rendición emotiva es total  pero no como resultado de manipulaciones sentimentales , sino como consecuencia de un planteamiento atemporal  en el que el amor, la entrega, la entereza y el humor recobran su lugar.

La historia de Charles Chaplin y el Oscar es,  no podía ser de otra forma, singular.  Tres galardones le dieron.  En el año 1929 por su dirección, producción y actuación en The circus (para aquel entonces el premio aún no se llamaba Oscar). Más de cuarenta años después, en 1972, la Academia  le entregó una estatuilla honorífica por su carrera. Histórica ovación  de la concurrencia que aplaudió de pie por más de cinco minutos. Vale la pena verlo por Youtube. Un año después, curiosidad de curiosidades,  en el año 1973 se premia la música de Candilejas compuesta por el mismo Chaplin en el año 1952 . La razón de este desfase temporal ? En Estados Unidos solo hasta  1972 se autorizó la programación en salas comerciales de Candilejas.  20 años censurada por las supuestas simpatías de Chaplin con el partido comunista. Torpe cacería de brujas de un hombre que a los dos años de su salida de Estados Unidos estaba recibiendo en Berlín el Premio Internacional de la Paz.

En la versión española de Candilejas difundida por cantantes como Roberto Carlos y Julio Iglesias se oye:

 “Tu llegaste a mí cuando me voy,

eres luz de abril yo tarde gris

……

 A la luz de candilejas yo me enamoré….”

Calvero no se enamoró de Thereza ni ella, pese a su empeño,  de él. Lograron, recíprocamente y con el inevitable desencuentro de sus momentos, que el otro se volviera a enamorar de la vida. Ese ha sido, es y será por siempre el perenne encanto de la bellísima Candilejas.

 

 

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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