Brooklyn : amor sin fronteras
Andrés Quintero8
Humberto Santana 8
LO MEJOR
  • La exquisitez,elegancia y discreción de su tono
  • Saoirse Ronan, magnífica
  • El apacible y melancólico color de su fotografía
LO MALO
  • Un guión que quizás pudo tener más aristas
  • Que no la hayan promocionado tanto como a las demás aspirantes al Oscar de mejor película
8Muy buena

BROOKLYN AFICHETÍTULO ORIGINAL: Brooklyn

OTROS TÍTULOS : Brooklyn : un nuevo hogar

AÑO: 2015

DURACIÓN: 111 min

GÉNERO: Drama, Romance

PAÍS: Irlanda

DIRECTOR: John Crowley

ESTRELLAS: Saoirse Ronan, Emory Cohen, Domhnall Gleeson, Julie Walters, Jim Broadbent, Michael Zegen

 

Ha de saber, quien se decide a partir, que ya nunca más será del sitio que deja ni, tampoco, de aquel otro, destino de su partida.  Esta sentencia, en tono menos adusto, es el tema central de Brooklyn  la  más reciente película del director irlandés John Crowley . Eilis Lacey  (Saoirse Ronan) se siente asfixiada en su natal y conservadora Irlanda; todo cuanto la rodea le resulta insulso y pacato y es solo el estrecho vínculo afectivo con su hermana  Mary (Maeve McGrath)  y su responsabilidad  hacia una madre amorosa pero quebradiza , los que la mantienen amarrada a una rutina tan ordinaria como  aplastante.  Será su hermana , sabedora de que es Eilis quien tiene la madera para desafiar y romper costumbres,  la que la empujará hacia otros horizontes y otras suertes que en los años cincuenta tenían, casi siempre,  el rutilante y atractivo nombre de América.  Y será en Brooklyn con sus casas de escalerillas a la entrada y su soberbia vista hacia los rascacielos de Manhattan, donde Eilis empezará, casi, una nueva vida, con otras gentes,  otras palabras, otras y más coloridas modas y, especialmente, con la ilusión que siempre depara un nuevo amor. Cuando todo parece rodar por buen camino una ingrata noticia la obliga a reconsiderar  la posibilidad de regresar al país que hace poco la vio partir.  Esta encrucijada existencial de volver o permanecer,  sus avatares,  sus apegos y  sus riesgos constituyen la materia prima con la que Brooklyn construye una historia cautivante que tiene en su discreción ese tono perfecto de la seducción.

En estos días de Oscares vale la pena decir que Brooklyn compitió con mucho porte y mucha elegancia en la categoría de mejor película.  Entre las películas competidoras las hubo, sin duda, más potentes y estremecedoras como El renacido;  más incisivas e inteligentes como la justa ganadora En primera plana o más inquietantes y agudas como La Habitación, pero Brooklyn fue, por encima de todas sus rivales,  más tersa, más envolvente y,  sutilmente, mucho más hipnótica.  Cuál o cuáles de este compendio de adjetivos son los que hacen buena o mejor que otras a una película,  ese es el quid de todo este asunto y, ya lo sabemos, no tiene solución.  Creo que nadie, incluyéndome, le apostó al Oscar de mejor película para Brooklyn pero eso no impide  aplaudir su nominación y  en silencio entregarle, sin nombres y estatuillas, un merecido galardón.

BROOKLYN SEC

Lo fascinante de Brooklyn es la fluida conexión de todos sus elementos. La ambientación, tanto la europea como la norteamericana, de mediados del siglo pasado es impecable. Los tonos pastel, la finura espontánea y una elegancia que nunca pierde su delicado acento de naturalidad, le imprimen al conjunto una agradable sensación de levedad que nunca se desliza hacia la banalidad.  La cámara, y eso la hace maestra,  no se siente. Sigue, capta, dibuja, captura pero no atrapa, se desliza pero nunca inmoviliza. La fotografía es seductora y secunda muy bien el propósito de recoger la estética de la época sin caer en preciosismos huecos o en preciosismos que pretenden tapar los huecos que a su paso va dejando la trama.  La historia por su parte es contada con el mérito de extraerle a su aparente simpleza esos elementos con los que de alguna manera nos sentimos identificados. Por eso es por lo que,  tan sólidos como el que lleva su nombre, Brooklyn tiende puentes inmediatos con el espectador que  muy pronto se siente  involucrado y por lo mismo deseoso de decirle al oído a Eilis  mejor quédate, mejor vete. Es esta leve que no ligera transportación  la que se siente durante toda la proyección  y la que constituye un acierto que, por el esplendor y la conmoción de otros lenguajes,  a veces pasa desapercibida.

A la ambientación, la cámara, la fotografía y la historia las jalona y entrelaza la gran actuación de la bella Saoirse Ronan.  Como pasa con la propia película su actuación  no es de destellos ni de estremecimientos. Eilis  no se  enfrenta en la película con situaciones desgarradoras o extremas, sino con cotidianeidades, vivencias y simplezas que en ella se convierten, en una contención expresiva maravillosa,  en desgarros y extremos que apenas si terminan asomándose a los ojos  húmedos o convirtiéndose, en la boca enamorada,   en unas torpes e inexactas palabras.

Brooklyn es, en fin, uno de esos regalos discretos que a veces nos da la gran pantalla. No nos parte la vida en dos, ni traza líneas divisorias de nada pero logra, con una entonación que aunque no lo parezca es de muy difícil consecución, un trabajo armonioso y envolvente que tiene, en los términos de Italo Calvino, no la ligereza de la hoja al viento pero sí la levedad del pájaro y su vuelo. Dense el regalo de verla.

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