Bohemian Rhapsody
Humberto Santana7
LO MEJOR
  • Logra que Queen corra por las venas de los espectadores
LO MALO
  • Salvo por algunos aciertos cinematográficos, es realmente la música de Queen la que se ve obligada a amplificar la película
7Interesante

OTROS TÍTULOS: Bohemian Rhapsody: La historia de Freddie Mercury

AÑO: 2018

DURACIÓN: 2h 14min

GÉNERO: Drama, Biografía, Música

PAÍS: Reino Unido / Estados Unidos

DIRECTOR:  Bryan Singer

ESTRELLAS: Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, Lucy Boynton

 

No es fácil hablar de Bohemian Rhapsody. La razón? Tiene tanto de bueno como de malo.

La intención es clara. La escogencia del director dice mucho: Bryan Singer (quien sería despedido poco antes de terminar por problemas personales, y reemplazado por Dexter Fletcher), es un director que ha generado con sus películas más de un billón de dólares en taquilla. Bohemian Rhapsody no pretende ahondar demasiado en los personajes o el relato, quiere contar entretenidamente la historia de una de las bandas más icónicas de todos los tiempos, pero quiere hacerlo con la guitarra eléctrica de Brain May, la batería de Roger Taylor, el bajo de John Deacon, y por supuesto el piano junto con la irrepetible voz de Freddie Mercury.

 

 

El relato se centra en Mercury, interpretado con esmero por Rami Malek, resaltando la innegable influencia que el vocalista tuvo sobre la banda. Los hechos se acomodan un poco al dramatismo que se le quiere dar al relato (por ejemplo Mercury llega a ofrecerse como cantante a May y Taylor minutos después de que el vocalista inicial les renunciara), y no hay timidez alguna en usar efectismo puro como herramienta para aumentar la fuerza de la narración.

Uno de los elementos fundamentales para que Bohemian Rhapsody tenga el efecto positivo que logra en los espectadores es su impecable ambientación, impactante en momentos como la recreación del rodaje del video de I Want to Break Free, o el espectacular montaje para lograr recrear con un nivel de detalle asombroso la presentación de Queen en el Live Aid de 1985, catalogada por muchos -relativamente simple como fue, para el estándar del grupo- como una de las mejores que una banda haya hecho en vivo.

 

 

 

Las actuaciones son sólidas y la similitud de los actores con los miembros de la banda es asombrosa, especialmente en el caso de Brian May (Gwilym Lee), pero sobresale la interpretación de Remi Malek, con un estudio de los movimientos de Mercury que impacta, logrando que su caracterización sobre el escenario sea impecable. Fuera del escenario, si bien logra mostrar el lado frágil, vulnerable, extravagante, desordenado y caprichoso de Mercury, no alcanza a encarnar esa fuerza de carácter, esa presencia magnética que el cantante proyectaba en medios públicos. Quizás el único que lo pudiese hacer nuevamente sería el mismo Mercury.

Pero sin duda el gran acierto de Bohemian Rhapsody es dejar que sea la música de Queen la que potencie la película. Cuidadosamente utiliza únicamente audios originales, sirviéndose para los momentos musicales íntimos de la banda de grabaciones informales, sobrantes de grabaciones en estudio e improvisaciones que el cantante hiciera, imponiendo una exigencia importante en la perfección del doblaje para los actores. El punto alto, inteligentemente diseñado, llega con la extensa y asombrosa recreación de gran parte de la presentación en Live Aid, emocionante al punto de erizar la piel.

 

 

El poster de Bohemian Rhapsody dice “Lo único más extraordinario que su música es su historia” y aunque difiero profundamente con esta arriesgada y en últimas autoflagelante afirmación, considerando que su legado musical está por encima de todo, hay que admitir que el film logra hacer precisamente que la música de Queen corra por las venas de los espectadores, y sin importar lo controvertible que pueda ser en algunos de sus aspectos, es una película que cualquier fanático de la banda puede llegar a disfrutar.

 

 

 

 

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