Eurocine 2018: Blind
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • Su elegancia e inteligencia en un estilo narrativo intrigante
LO MALO
  • Un par de cabos sueltos que al final no es que pesen mucho
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Blind

AÑO: 2014

DURACIÓN: 1h 36min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Noruega

DIRECTOR:  Eskil Vogt

ESTRELLAS: Ellen Dorrit Petersen, Marius Kolbenstvedt, Vera Vitali, Henrik Rafaelsen

 

Cualquier tipo de generalización, sea positiva o negativa, tiende a ser odiosa. Pero lejos de pretender etiquetar, Blind de Eskil Vogt es el pretexto perfecto para subrayar lo más atractivo -al menos para quien aquí escribe- del cine escandinavo, en este caso el noruego. La raíz de todo está quizás en lo que este cine pretende. Su principal interés no es entretener, no está en ningún tipo de espectacularidad, no está necesariamente en relatar lo extraordinario; por el contrario, se centra en la vida de los mortales, en el día a día, en sus emociones, sus pensamientos, sus miedos, sus anhelos. Son películas que, aunque lo hagan desde ángulos inusuales, retratan de alguna manera la esencia misma de la vida. Es un cine modesto pero con mucho carácter.

Bind, que recibió premios en varios festivales incluyendo Sundance y el Berlin International Film Festival,  es una de esas películas de las que es difícil hablar sin estropear la experiencia para quienes no la han visto. Su narrativa discontinua y en primera instancia caótica es sin duda uno de sus grandes atractivos, porque no solamente es de cierta manera un reto que se asemeja a un rompecabezas cinematográfico, sino que deja al espectador la interpretación de muchas de sus aristas. Discutir sus detalles y significados sería como entregar un rompecabezas a medio empezar.

 

 

La película parte de la historia de una mujer, Ingrid (Ellen Dorrit Petersen), que vive con su esposo y que ha perdido la vista definitivamente poco tiempo atrás. A través de sus ojos, que ya no pueden percibir la luz, se nos permite ver este ángulo de la vida desde una óptica cercana y realista, detallando con intimidad emociones, miedos y esperanzas. Antagónicamente, el manejo de las imágenes es fundamental y llevado con una estética impecable. Saltos en el tiempo, ficción y realidad, intercambian posiciones indistintamente definiendo un estilo narrativo que si bien parece inicialmente desordenado y sin un rumbo definido, rápidamente empieza a tomar la forma que el espectador le va dando y a transmitir la certeza de que al final de la proyección no quedarán piezas sueltas en un ejercicio sin sentido, sino que, por el contrario, la imagen será clara y gratificante.

 

 

Eskil Vogt, quien había ya trabajado con Joachim Trier como guionista en “Reprise – Vivir de nuevo” y en “Oslo, August 31.”, logra en su debut como director una película con un grado de detalle sicológico y emocional que la hace auténtica y cercana, parte de un cine elegante e inteligente.

 

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