Biutiful
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)9
8.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Votes)
6.2

Biutiful nos dice lo que su nombre nos dice: que lo bello puede expresarse de manera incorrecta pues será la belleza la que expresándose a sí misma supere cualquier error de expresión.

La última película del mejicano González Iñárritu (Babel, 21 gramos y, sobre todo, Amores Perros) no echa mano de los códigos estéticos tradicionales. Hace todo lo contrario. Se vale, al mejor estilo de este  consagrado director  mejicano,  de la suciedad, de la miseria y del abandono para construir a partir de ellos un cuento que deambula entre la repulsión y la compasión.

Uxbal (Antonio Bardem) es un hombre que va de tumbo en tumbo en los submundos de una Barcelona carcomida por las sombras y los vicios de unos hombres que han apelado a todo para sobrevivir. Son inmigrantes perseguidos en un país que les es hostil, como  hostil les es el mundo porque desde siempre dejaron de pertenecerle. Es en medio de ellos que sin ningún rumbo deambula Uxbal persiguiendo billetes sucios y esquivos. Lo acosa, respirándole en la nuca, la vergüenza de una enfermedad que ha comenzado a anticiparle las penurias de la vejez. Y es este mismo hombre el que cada día se sienta  en una desvencijada mesa con sus hijos perpetuando el rito de la comida en familia. No hay mamá. A la que alguna vez hubo, encarnada en la película por Maricel Alvarez,  se la llevó un torbellino de humo y alcohol. Su fugaz reaparición en casa fue un espejo que a la primera mirada se vuelvió añicos.

Biutiful es una cámara que fotografía todo este torrente de sinrazones y angustias. Al comienzo la sensación del espectador puede ser de repudio. Las escenas parecen apelar con cierta ligereza a lo mórbido. Todo parece armado para provocar un efecto de asfixia. La película ni respira ni permite respirar. Nos parece que Biutiful abusa, a lo Iñárritu, de la desesperanza urbana.

Y sin embargo la película emerge desde su propia angustia.  Y lo hace con una lucidez desconcertante porque no abandona su tono sombrío. No cae, como hubiera podido hacerlo,  en la trampa fácil de la salvación.  Uxbal sigue su rumbo hacia el abismo pero en la ruta se atraviesan sus hijos y tras ellos es el propio Uxbal  quien se interpone en su propio camino de anulación y entrega. Sus chicos, ella y él,  están en esa edad en la que la miseria no puede ser otra cosa que el juguete perdido o el dolor que se adivina, sentados a la mesa, en la cara de alguno de sus padres.

Es la hija la que por un instante lo reinvindica todo preguntándole a su padre ….y Biutiful como se escribe. Y todo pareciera confabulado para contestarle, solo por ese instante, que Biutiful se escribe como ella lo sienta, como ella lo dibuje con sus crayones de colores.

Bardem, soberbio. La mitad o más de su actuación la hace, en su rostro maltrecho, esa mirada que se debate entre la enajenación, la maldad y una ternura primaria, casi animal. Merecida su nominación para el Oscar y merecida también su figuración entre los grandes actores del momento.

Uno sale de Biutiful con la extraña sensación de haber visto una película inmensa a la que se la devorará, más  temprano que tarde, la inclemente ráfaga del olvido. Uno sale de Biutiful con cierta pastosidad agridulce en los labios. Uno sale de Biuiful – y le cuesta admitirlo –  con una desazón teñida de ternura y optimismo

El trailer es sobrecogedor. Los dejo con él.

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