El cine tiene una historia de más de 100 años. Fue en 1895 que se realizó la primera proyección de La llegada del tren de los hermanos Lumière en un pequeño establecimiento en Francia, hecho que dio paso a la imagen en movimiento.

Luego de varias oscilaciones y transformaciones a lo largo del tiempo, el cine sigue vigente, y más aún en un momento en que las plataformas VOD (Netflix, Amazon, HBO) abarcan la industria audiovisual; las salas de exhibición parecen condenadas a su desaparición, pero los festivales de cine demuestran lo contrario.

Tras 69 ediciones y siendo considerado uno de los eventos más grandes del mundo, el Festival de Cine de Berlín, o mejor conocido como la Berlinale, pone en evidencia la necesidad de incentivar la exhibición del séptimo arte en salas y afirma la importancia de este en nuestras vidas. Con más de 400 películas de 120 países, este evento conglomera a público de todo tipo, estudiantes, directores, productores y asistentes de cualquier nacionalidad, quienes se unen con el único fin de descubrir el mundo en una pantalla.

Durante 11 días la capital alemana se llena de un aire místico donde solo se respira, se ve y se siente cine. Es un evento de tal magnitud que las calles, los teatros y los carros están decorados con su magnificente símbolo: el oso. Pero lo que resulta aún más interesante es que el festival es considerado como uno de los más políticos de su categoría; inaugurado el 6 de junio de 1951 por Rebbeca de Alfred Hitchcock, fue creado con la premisa de establecer la libertad como decreto en un mundo dividido, propuesta que aún continúa a través de la selección de su programación, la cual se caracteriza por tener un contenido social y político definido.

Debido a esto se resalta la importancia de apreciar películas de todas partes del mundo, de conocer culturas y de poder identificarse con el otro sin importar su raza, idioma o religión, porque a fin de cuentas así es el cine, un espacio que permite conectarte con el otro, es un lenguaje universal del que todos hacemos parte.

Desde China hasta Argentina y desde Canadá hasta Israel, la versión de 2019 trajo miles de historias y realidades en sus diferentes categorías. He aquí una muestra de algunas de ellas.

Öndög, de Wang Quan ’an

Mongolia, 2018

Un cadáver es encontrado en medio de la estepa de Mongolia. Así inicia la séptima película del director chino, conocido por mostrar la vida rural del continente asiático. Con una hermosa fotografía y a través de un ritmo pausado, la producción nos lleva a través de la vida de una mujer fuerte y autosuficiente, quien sigue sus objetivos mientras su realidad se mezcla con los mitos urbanos de la sociedad en la que vive.

Con tintes de comedia, esta producción abarca temas como la muerte, la vida y el amor.

Temblores, de Jayro Bustamante

Guatemala, Francia, Luxemburgo 2019

Segunda película del director guatemalteco que ganó reconocimiento internacional hace unos años con su ópera prima Ixcanul. La trama se centra en una familia de alta sociedad que busca curar a uno de sus miembros del homosexualismo; siguiendo la lucha de este personaje, pone en evidencia a una comunidad cerrada y extremadamente religiosa que no acepta la llegada del mundo moderno.

Transgresora e impactante por sus detalladas escenas, la película de Bustamante expone la visión del director con respecto a su país y la necesidad de tener un cambio en la sociedad.

Skin, de Guy Nattiv

USA 2019

Un auto en llamas en medio de otros cubiertos de nieve. Esta es una de las escenas de la llamativa producción del director israelí que tiene como elenco a Jamie Bell, Danielle Macdonald y Vera Farmiga. Cuenta la historia real de un neonazi que busca redención mientras su pasado lo atormenta.

Tal vez sea la historia y que la película se transmitió en uno de los teatros más grandes de Berlín, lo que reafirma la premisa del festival al ser uno de los más políticos y liberadores de su categoría.

The body remembers when the world broke open, de Elle-Máijá Tailfeathers y Kathleen Hepburn

Canadá, Noruega, 2019

Basado en una experiencia que tuvo una de las directoras al encontrarse con una mujer indígena en medio de las calles de Vancouver, sin zapatos y sola, ostenta la temática de la violencia de género y de la búsqueda de apoyo.

Divino amor, de Gabriel Mascaro

Brasil, Uruguay, Chile, Dinamarca, Noruega, Suecia, 2019

Transportándonos a un mundo futurista, esta producción pone dos conceptos que no parecen tener confluencia: religión y sexo. Es la historia de la virgen María ubicada en el año 2027, en un Brasil cargado de colores y elementos distópicos que evidencian un universo no muy lejano.

Sobre El Autor

Silvana Stein A.

Colaboradora Distinta Mirada desde España

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