Beginners (Principiantes)
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)9
8Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
9.0
TÍTULO ORIGINAL: BeginnersOTROS TÍTULOS: Beginners, así se siente el amor

Toda historia de amor es imperfecta como imperfectas son todas las historias de amor que se cuentan en Beginners. Oliver (Ewan McGregor) conoce a Anna (Mélanie Laurent) y sin pretenderla la mujer de sus sueños le parece una compañera de ruta con quien bien vale la pena dar ese salto al vacío que es la convivencia. La conoce cuando él apenas está saliendo del desconcierto que le produjo la revelación de Hal (Christopher Plummer) su padre quien, al enviudar después de 44 años de matrimonio, le confiesa su homosexualidad. Y el asunto no se detiene allí. A sus setenta y tantos años el padre comienza una relación con un tipo al que bien puede llevarle treinta o más años. Y como si la sorpresa hubiese sido poca, vendrá luego un cáncer implacable que no pospuso mucho la contundente llegada de la muerte.
Podría decirse, con esa petulancia que siempre viene asociada a las nuevas terminologías, que Oliver creció en una familia disfuncional. Es eso lo que se expresa a través de unos recuerdos que siempre repiten unas mismas imágenes: un papá que se despide en el umbral de la puerta besando a la mamá con la ninguna pasión, con la apenas tibia conmiseración, de los besos en la frente;  una mamá disparándole con el arma imaginaria fabricada por sus dedos y él cayendo tan herido, moribundo ya, sobre el mullido tapete; un papá que de pronto cambia sus atuendos dándole ahora cabida a  los jersey violeta y, sobre todo, un papá sumido en una felicidad incomprensible y otoñal al lado de un hombre que hubiera podido ser ese hermano que nuca tuvo.
De la película de Mike Mills hay que destacar el lenguaje visual y el ingenioso manejo del tiempo. No se trata del habitual relato armado confusamente con saltos de tiempo; en Beginners se juega con el tiempo pero logrando un resultado envolvente que nos sumerge con suavidad en los pasados para luego emerger, sin tropiezos narrativos, en el presente. Además es sencillamente fascinante el empleo de la imagen y al decir esto no me refiero al cuadro que usualmente compone una determinada escena sino al empleo de otros recursos tan sencillos y contundentes como el dibujo infantil o esas secuencias de contexto que nos muestran, según cual fuera la época, quien era entonces el presidente, como era el cielo y cual la distribución de los astros en el firmamento. Mención y tributo aparte merece el pequeño perro, protagonista indiscutible, que como el Milou de Tintín desde su silencio perruno lo entiende todo.
De las actuaciones sólo decir lo que ya tanto se ha dicho. Que Cristopher Plummer se merecía un papel de estas dimensiones para rescatar, aquilatado por el paso del tiempo, su brillo actoral (la foto que encabeza estas líneas va en tributo al grande la La novicia rebelde) y que McGregor y la Laurent logran lo que pareciera, por contradictorio, imposible: una empatía total no obstante encarnar a una pareja que entremezcla vicisitudes y apasionamientos, emociones e inevitables distanciamientos. Yo no sé si el enlace o la química entre dos actores sea una cuestión espontánea y natural o sea, por el contrario,  el resultado de una perfecta compenetración de roles. Lo cierto es que estos dos dan la sensación de encajar perfectamente allí donde la historia es la de la imposibilidad de los acoples perfectos.
Es la disfuncionalidad de la familia de Oliver – mejor llamarla singularidad – la que explica que Oliver y Anna no protagonicen ni la típica y endulzada historia de amor ni, tampoco,  una de esas tormentosas pasiones que tanto gustan a algunos guionistas y directores y, por supuesto, a muchos espectadores. Lo de Oliver y Anna es un encuentro temeroso de dos seres que se atraen pero cuyas valijas están tan atiborradas de seres y pasados que temen, recíprocamente, que los amaneceres cotidianos sean mucho más complejos que ese ingenuo despertarse entrelazado con el ser amado. Desde este punto de vista Beginners es una propuesta refrescante – que no necesariamente feliz –  sobre la relación de pareja. Todos quisiéramos que aquel que tanto nos atrae llegara a nuestra vida tal y como precariamente lo hemos concebido, es decir, moldeado a la medida de nuestro inestable deseo. Y no es así. Nunca ha sido así y nunca será así. La otredad, siendo de la propia esencia de las relaciones humanas, es , a la vez, su gran escollo. Ni el otro es exacto a aquel a quien esperábamos, ni coincidimos con aquel que el otro esperaba de nosotros. De estas aproximaciones siempre inexactas se ocupa Beginners y lo hace con un tono donde se conjugan en un muy buen equilibrio, trascendencia y desenfado. Beginners es todo menos densa. Beginners es todo menos ligera. En ese balance descansa su encanto y es por eso que de ella se sale con una confortable sensación de identificación y compenetración. A fin de cuentas en cuestiones de amor todos somos y seremos ya por siempre, consumados principiantes.

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