Barry Seal : Solo en América
Andrés Quintero 7
LO MEJOR
  • El tono leve - no ligero - de una historia pesada
  • Tom Cruise. Lo dice un detractor de su talento actoral
  • La recreación de los ochentas. Mucho más que un logro de ambientación
LO MALO
  • Alguien podría decir, no yo, que el desaprovechamiento del personaje
  • La personificación y caracterización de los integrantes del cartel de Medellín. Les faltó personalidad y fuerza
7Buena

TÍTULO ORIGINAL: American made

AÑO: 2017

DURACIÓN: 1h 54min

GÉNERO: Thriller, Acción, Comedia

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Doug Liman

ESTRELLAS: Tom Cruise, Domhnall Gleeson, Jayma Mays, Sarah Wright, Jesse Plemons

EEl gran logro de Doug Liman en Barry Seal : Solo en América se llama sustracción de peso.  El mérito del director de películas como Al filo del mañana (2014) , Sr. y Sra.  Smith (2005) y The bourne identity (2002) fue contar una historia de injerencia/intromisión política, corrupción, narcotráfico y sus pestes asociadas, despojándola de esos consabidos tonos que oscilan entre el patriotismo rancio,  un moralismo acomodaticio y heroísmos no  muy creíbles.  De hecho Barry seal es, además de un thriller de acción, una comedia. Y lo es, no porque pretenda sacarle carcajadas a su público, sino porque a su historia la jalona el absurdo risible de un hombre que de traficar habanos cubanos como piloto comercial de la TWA pasó a traficar drogas y armas al servicio de la CIA, la DEA y el cartel de Medellín.

Liman optó, muy a su estilo, por darle otra mirada a ese imperialismo americano que se vale de lo que sea para extirpar en sus vecindades – que son el mundo entero – cualquier asomo de insurgencia política que discrepe de sus credos democráticos.  En Barry Seal  no hay ejércitos poderosos, ni batallas campales; tampoco hay sofisticadas redes de inteligencia o agentes especializados urdiendo enrevesados planes para aniquilar al enemigo. Hay, en cambio, un simple y habilidoso piloto, Barry Seal (Tom Cruise) que sabe volar muy bajo lo que permite, además de esquivar radares, descargar desde el aire cajonados de armas con destino a los que el tío Sam cree apoyan su causa o, por lo menos, entraban los avances de su contraria.  En los inescrutables mentideros de la política subterránea, Pablo Escobar, Rodríguez Gachas y sus secuaces se enteran, desde sus emblemáticos cuarteles antioqueños, de las andanzas de este piloto americano y lo persuaden, con maletines atiborrados de dólares, de formar parte del narcoequipo.  Es así como Seal termina al servicio de tan dispares – o quizás, no –  patrones.

El propósito de Barry Seal no es ventilar nuevamente las atrocidades cometidas por los unos y los otros; tampoco es documentar prolijamente una historia que se ha sido contada, desde distintas orillas, miles de veces.  Liman se sirve de Seal, un personaje algo estrambótico pero a la vez enteramente normal,  para aligerar el drama y hacerlo  entretenido sin con ello darle la espalda a una realidad merecedora de unos cuestionamientos, morales y políticos,  de los que Liman no se pretende vocero.

En la sencilla maquinaria de Barry Seal dos piezas funcionan a la perfección. El ambiente ochentero y Tom Cruise. El primero está perfectamente recreado y le imprime a la historia esa desfachatez que caracterizó una década  de músicas ligeras y pegajosas,  riquezas fáciles y morales volátiles .  Cruise por su parte hace uno de  sus mejores papeles de los últimos años porque indudablemente le viene mejor la simpática y aparente ligereza de este personaje que la intrepidez sobrecargada de sus misiones imposibles.  Y no se vaya a pensar que por sustracción de peso Barry Seal no es más que entretenimiento ligero con un galán de marca consolidada.  No. Liman hace un trabajo cuidadoso y no solo emplea magistralmente videos de archivo (todo lo de Reagan  está fantástico) y mapas infantilmente explicativos, sino que usa al propio Cruise como narrador en off de una historia que fluctúa, siempre en el inteligente tono del humor, entre la acción y la comedia.

Hay que reconocer que Liman y su equipo hicieron el esfuerzo de venir a Colombia . Medellín ya no es algún pueblecillo centroamericano de mercados multicolores donde los costos de grabación son más bajos, sino la verdadera ciudad que convivió, hasta la connivencia, con el narcotráfico. Desafortunadamente Barry Seal  falla en la caracterización y representación del cartel colombiano. Nuestros capos aparecen como unos débiles pelafustanes y no como los poderosos y siniestros empresarios que en realidad fueron. La gracia y el encanto de Seal terminan opacando a unos personajes, nuestros capos, a los que el guión pudo  haberles extraído mucho más.

Con su decidida marca de superficialidad  y ligereza, enteramente ochentera, Barry Seal muestra en todo caso la volatilidad de una actitud , personal empresarial y gubernamental,  que  ante el cuestionamiento ético de lo que debe hacerse, lo resuelve todo por la ruta fácil  de si es o no legal a sabiendas de que así, malentendido, el derecho siempre será un comodín del poder establecido.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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