Aquarius
Humberto Santana7.5
LO MEJOR
  • Sonia Braga y la melancolía que añora otros tiempos
LO MALO
  • Que Sonia Braga termina siendo más que Aquarius
  • La sensación en algún punto de estancamiento y repetición innecesaria
7.5Buena

OTROS TÍTULOS: Doña Clara

AÑO: 2016

DURACIÓN: 2h 26min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Brasil

DIRECTOR:  Kleber Mendonça Filho

ESTRELLAS: Sonia Braga, Jeff Rosick, Irandhir Santos, Maeve Jinkings, Julia Bernat,  Carla Ribas, Fernando Teixeira

 

Aquarius es una película difícil de clasificar. Las páginas de cine y la crítica especializada la rotularán, con mucho de razón y sin titubeos, bajo la etiqueta de drama. Pero Aquarius es más que eso, es más compleja que una etiqueta única, es un híbrido que conecta profundamente como drama, pero que muta para redondear su efecto final, siempre al ritmo de una soberbia Sonia Braga en el papel de Clara, siempre logrando ese efecto de compenetración del espectador con el personaje, tan difícil de alcanzar.

El relato está dividido en tres capítulos de la vida de Clara, que proporcionan el contexto a una historia que captura a pesar de su extensión y su ritmo pausado. Comienza en los años ochenta, unos jóvenes escuchan por primera vez Another One Bites the Dust de la inmortal Queen en la casetera del auto en el que pasean por la playa, para terminar esa noche en la celebración del cumpleaños número setenta de la tía Lucía. Objetos de la época, armarios con historias, muchos discos de vinilo y merengues ochenteros comienzan a anclarnos al pasado de Clara, comienzan a explicar ese apego a los recuerdos, esa valoración cuasi-fetichista de los objetos, esa identidad construida en la historia y en el paso del tiempo, en el ayer, en lo vivido más que en aquello que se está por vivir. Esa añoranza alegre y melancólica al mismo tiempo, ese saudade que marca la vida de Clara de una forma tan determinante. La celebración del cumpleaños de la tía Lucía se llevaría a cabo en el apartamento del edificio Aquarius, y es en este momento también en el que nos enteramos de la enfermedad de Clara, aquella que la haría una mujer recia, luchadora, serena y llena de determinación.

Treinta y cinco años y toda una vida después, Clara, viuda y con sus hijos a cierta distancia, es la única que aún vive en el fantasmagórico edificio Aquarius. Los demás ya se han ido, seducidos por el cheque cuantioso que la constructora Bonfim les ha ofrecido por sus propiedades. Pero más allá de la narración, la película de Kleber Mendonça quiere hacer que vivamos lo que vive Clara, que entendamos sus motivaciones, que sintamos sus preocupaciones y sus deseos.

La película da un giro y comienza la historia central, se teje entonces de manera incremental la tensión de la guerra sicológica que inicia la constructora para forzar a Clara a abandonar Aquarius. Y esta tensión no se mira desde afuera de la pantalla, se siente dentro de la piel de Clara. Mendonça logra que se construya de manera casi imperceptible y gradual, cotidiana, real. No aparecen mensajes disuasivos escritos con labial en los espejos, no hay gatos muertos en el panorámico del auto, pero el desasosiego llega a ser soterradamente perturbador. Tal como lo vive Clara. Y este elemento, magistralmente logrado, si bien es parte fundamental de la identidad particular de la película, no es para todos los gustos ni para todos los estados de ánimo.

La actuación de Sonia Braga es sobresaliente. Lleva la película sobre sus hombros de principio a fin. Su personaje es cercano y empático, no solo consigue contar una historia abriendo al espectador su mundo interior, sino que hace que las sensaciones y emociones no se miren desde la distancia, sino que se sientan. Es sin embargo uno de esos personajes que sobrepasan la película que los contiene, y al final nos queda más del personaje que de la película misma.

Se habla mucho de la denuncia social que se hace, del cuestionamiento de los valores en la sociedad actual brasileña (o global), pero tal vez más allá de esto -si comparamos por ejemplo el desarrollo en las culturas europeas con el de nuestras latitudes, siendo la arquitectura un ejemplo emblemático- Aquarius es un llamado a avanzar sin dejar atrás del todo, a actualizar conservando la historia, a no dejar que nuestra identidad desaparezca bajo el manto de la modernización. Si bien, como dice la canción, se hace camino al andar, Aquarius no quiere que olvidemos que somos en gran medida lo que fuimos.

 

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