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TÍTULO ORIGINAL: Runner Runner

“Runner runner” se trata de la típica (y tópica) película con aires de cine negro que sigue la estela de otros films como “21 Black Jack” o la más reciente “Ahora me ves”. El espectador que haya disfrutado con las obras anteriormente citadas puede darle una oportunidad a la película que aquí nos ocupa. A los que no interesasen estas historias, mejor abstenerse, porque se trata de una estructura de guión muy similar.

De ritmo ágil y sin muchas pretensiones, la historia avanza a trompicones sin terminar de decantarse por un camino concreto: a ratos parece querer ser un thriller numérico, a ratos crítica de las estafas piramidales -la parte que mejor funciona-, a ratos cine de revanchas. Y a medida que avanza el metraje se va quedando a medio camino de todo, sin terminar de poner toda la carne en el asador en nada.

El guión, el montaje, la dirección y las interpretaciones son rutinarias. Una vez terminada la proyección, el recuerdo no provoca ni frío, ni calor. Es una película que no molesta pero que tampoco apasiona. El desarrollo es bastante previsible, sobre todo si ya has visto el tráiler (¿cuándo aprenderán a no desvelar tantos detalles de la trama?) y la historia de amor está metida con calzador.

Los buenos son muy buenos y los malos son muy malos. Sin matices, no hay grises. La película hubiese ganado mucho con un enfoque menos definido del protagonista, menos partidista. Su rectitud moral en todo momento llega a resultar algo cargante. Igual que Ethan Hawke era tentado por un demonio de labia sin igual llamado Denzel Washington en la excelente “Training Day”, aquí nos hubiese gustado más que Ben Affleck llevase a Justin Timberlake por el mal camino, haciendo igual de atractivo el lado oscuro. Los personajes que caminan por el filo de la navaja resultan más interesantes porque nunca sabes cuándo pueden caer en la tentación y si se convertirán en los monstruos para los que trabajan. Todos nos preguntamos en esos momentos, ¿qué haríamos nosotros en una situación así? ¿También caeríamos o nos mantendríamos firmes?

Aquí el director Brad Furman no nos dejan ni imaginárnoslo, porque Richie hace en todo momento lo que el héroe se supone que tiene que hacer (aunque no nos expliquen claramente sus motivaciones).

Chicos guapos, un paisaje de ensueño y una trama con buen arranque pero desarrollo esquemático. La película lleva la trayectoria del tapón de una botella de champán: ruido estridente al principio, pérdida de velocidad instantánea y ningún ruido al caer al suelo.

Una oportunidad perdida, porque la película podría haberse erigido como una obra crítica de los días que vivimos, hija de su tiempo. Aunque igual lo ha sido en otro sentido: rendida a pesar de los abusos sufridos.

Lo mejor: Costa rica, la fotografía y la media hora final. Imaginarse lo que podría haber hecho Ben Affleck de haberla dirigido él.

Lo peor: Un trío de actores poco convencidos y convincentes en sus papeles.

Sobre El Autor

Roberto Galar E.
Colaborador (España)

[Colaborador para Distinta Mirada desde Logroño, España] Productor director y guionista de la productora RQR media (www.rqrmedia.com)

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