Un Año Más
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
8Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Votes)
8.7
TÍTULO ORIGINAL:  Another Year

En Another year, la más reciente película del director británico Mike Leigh no pasa gran cosa; tan solo pasa la vida misma que suele no estar hecha de grandes cosas. Tom (Jim Broadbent), un geólogo sexagenario y su mujer Gerri (Ruth Sheen) una terapeuta, parecen haber llegado, con una complicidad cariñosa y serena,  al declive tranquilo de sus vidas. Alternan sus rutinas laborales con el cuidado de una huerta, con lecturas vespertinas y, especialmente, con el rito de una mesa compartida con amigos. Entre estos está la singular Mary (Lesley Manville), una mujer que intenta, vanamente,  esquivar el paso del tiempo; una mujer que huye de su soledad refugiándose en un hogar que la acoge sin juicios ni reproches y que le ofrece siempre un puesto en la mesa.

De la relación entre esta pareja y su desubicada amiga trata, en esencia, Another year y su gran mérito, pienso yo, está en la forma ordinaria y plana como Leigh aborda el tema. No se trata, aclaro, de la ordinariez que solemos asociar con la vulgaridad. La ordinariez a la que me refiero, la ordinariez de Another year, tiene que ver con esa cotidianeidad que a diario envuelve nuestras vidas tiñéndolas de eso que solemos, mal llamar, monotonía. La película no está montada ni para sorprendernos ni, tampoco, para apabullarnos. No hay un romance otoñal que salve de su soledad a Mary ni hay, tampoco, un desenlace trágico con ínfulas moralistas acerca del como encarar el paso del tiempo. En Another year lo único que pasa es la vida misma, con sus planicies y sus discretos encantos, con sus rutinas y sus ocasionales destellos de felicidad.

Acostumbrados como estamos a las narraciones que siempre persiguen un punto de éxtasis o un desenlace inesperado, es  comprensible que Another year   desconcierte en algún momento por su falta de sucesos, por su detenimiento en diálogos que hubieran podido abreviarse, por su empeño – muy al estilo Leigh – en recordarnos que los eventos más significativos del ser humano suelen acontecer por dentro. Sin embargo el desconcierto dura poco porque a medida que transcurre la película nos damos cuenta que aquí el objetivo narrativo es otro. Se trata, simple y llanamente, de asomarse a la vida de unos seres comunes y corrientes sin pretensiones salvadoras o redentoras; de mostrarlos tal y como son, con sus penurias y fortalezas, con sus zozobras existenciales y con su discreta capacidad de solidaridad.

Mención aparte merece el personaje de Mary. Más que la brillante interpretación que  hace la Manville, lo sobresaliente es el personaje en sí. Una mujer que  es, sin dramatismos, el compendio  de muchas de nuestras debilidades y, también, el reflejo de no pocas de nuestras ansiedades.  Vanidosa e insegura quiere creer que un carro rojo o un blue jean ceñido o una copa de vino blanco son, paradójicamente,  pasaportes válidos para no viajar hacia la inminente vejez.

Entre más se la piensa, entre más se la reconstruye en la memoria, más nos gusta Another year. No porque sea realista, no porque se salga de los cánones tradicionales del relato jalonado por cualquier tipo de emoción, no porque sus actores sobresalgan en sus interpretaciones,  sino porque transmite, sirviéndose de todo lo anterior,  esa sensación entre plácida y angustiosa de que son esos días más,  esos años más, los que a través de una alquimia ordinaria terminan confeccionando nuestras vidas.

Curiosamente Leigh sólo emplea la cámara lenta en las escenas donde aparecen carros. En una de ellas el lente enfoca las llantas en movimiento y se produce en la retina ese efecto óptico que pareciera mostrar, simultáneamente,  que mientras que la rueda avanza, su aro interno retrocede. Algo parecido ocurre con las vidas, otoñales casi todas ellas, de los personajes de Another year. Mientras que el tiempo inmisericorde avanza con sus canas y sus presbicias, por dentro, senil y felizmente, se sucede una curiosa reversión del tiempo.

Hay un cierto efecto narcótico en las películas de Leigh. En lugar de abrasar, abrazan y dejan en alguna parte, vaya uno a saber donde,  esa sensación de una confidencia que nos fue contada al oído.

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