Ankur
Andrés Quintero7.5
LO MEJOR
  • Su autenticidad
  • Una cámara tan básica como elocuente
  • Shabana Azmi. Nació una estrella
LO MALO
  • Algunas limitaciones en lo actoral
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL: Ankur

AÑO: 1974

DURACIÓN: 2 horas 11 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: India

DIRECTOR: Shyam Benegal

ESTRELLAS: Shabana Azmi, Sadhu Meher, Anant Nag, Dalip Tahil, Sesham Raju

En algún momento la India estuvo de moda. Quizás siga estándolo o, quizás, nunca lo haya estado y lo que yo llamo moda haya sido, o siga siendo, un sincero interés por una cultura multifacética – enigmática, bifronte y sugestiva – que combina el atrayente halo de una profunda espiritualidad con un inusitado y pujante desarrollo industrial y empresarial.

Lo cierto es que durante no poco años la India que nos llegaba a los tercermundistas de este lado del océano, a través del cine entre otras, era aquella, falseada y maquillada, de enigmáticas y atractivas mujeres con esos puntos., los bindi, en el encuentro de sus cejas, una llamativa pasarela de saris multicolores y un pueblo que resistía toda suerte de embates mediante unos rituales, tan atractivos como sospechosos, de profunda meditación.

Ankur (1974) , el primer largometraje del director Shyam Beengal, tiene la enorme virtud de no ser un producto comercial para vender el exotismo de la cultura india a unos incautos de occidente que andan buscando entre mantras e inciensos el sentido de sus vidas. Felizmente Ankur no fue hecha para eso. Su propósito, decididamente local pero no por ello menos universal, es retratar una sociedad rural, la de los años cincuenta,  en la que predominan las castas y en la que cualquier rebelión contra las costumbres ancestrales termina reprimida y aplastada con discriminaciones e injusticias.

Hijo de un poderoso terrateniente indio, Surya regresa a Hyderab, su lugar de origen, después de terminar sus estudios . Aunque su deseo es continuarlos, su padre lo obliga a quedarse en casa. Teme que si vuelve a irse jamás regrese y eso se lo reprocharían la tierra y la tradición que la protege. Abnegado y disgustado, Surya se instala en una casa de campo a la que lleva, para demostrar que es un hombre de mundo, sus cigarrillos rubios, su tocadiscos, sus gafas oscuras y la foto de una bella mujer occidental, también, como los cigarrillos, rubia. A su servicio tiene a la bella Laxmi y su marido y será de la primera que terminará enamorándose pese la diferencia de clases. La que pintaba para novela rosa de amores que lo vencen todo, termina de otra forma cuando aparece Soroy, la mujer que su padre le tiene escriturada.

Aunque la trama central está soportada en esta encrucijada romántica, Ankur es mucho más que ella. Yo diría incluso que lo que hace es servirse de ella, para hacer un recorrido profundamente respetuoso y estético por una cultura que, inmune al paso de los años, siempre mantiene – y lo aprovecha –   un costado indescifrable y bellamente misterioso. Tras una apariencia de sencillez y modestia, el trabajo de Benegal tiene una enorme fuerza y un magnetismo especial. Sin el estatismo tradicional de la cámara del cine oriental, la de Ankur se desplaza – desliza quizás sea el verbo apropiado – sobre rostros y paisajes sin ninguna otra pretensión que simplemente mirarlos. Es la mejor manera de hacerlos hablar.

Un ejemplo contundente de lo anterior es la sensualidad que atraviesa toda la película. Vaya uno a saber si por razones religiosas o culturales, lo cierto es que sin necesidad de escenas explícitas e, incluso, sin estrategias insinuantes o provocadoras, realza la feminidad de sus protagonistas y especialmente la de Laxmi  (Shabana Azmi), una sensualidad también recubierta de magnetismo y misterio.

No son sus más de cuarenta años los que le dan a Ankur el bouquet que tiene. Desde su estreno fue aplaudida en las salas que la exhibieron. De hecho, fue postulada para el Oscar como mejor película de habla no inglesa. Y es que, vista tantos años después, mantiene intacta su sensibilidad, esa sensibilidad que transmite una cámara que logra que aquel a quien ella mire termine, como si la cámara no existiera, mirándonos.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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