Animales nocturnos
Diego Montejo8.5
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • La dirección es intoxicante, un portento en la estilización sin excesos, en dirección de actores y en dar profundidad a un guion caracterizado por su simpleza.
  • Las actuaciones. El reparto en general está fantástico pero Jake Gyllenhaal exprime un complicado personaje.
  • La banda sonora. Un impresionante trabajo que va a robarse la atención en esta temporada de premios.
LO MALO
  • La necesidad de profundizar un guion algo parco en complejidad. No termina de explotar correctamente las herramientas a su disposición, como los flashbacks
8.3Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Nocturnal Animals

AÑO: 2016

DURACIÓN: 116 min

GÉNERO: Drama, Thriller

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Tom Ford

ESTRELLAS:  Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Aaron Taylor Johnson, Michael Shannon

 

Somos lo que escribimos, lo que creamos deja una huella indeleble de nuestra persona. El arte en sí mismo es una extensión de nuestra existencia y como tal, es improbable que todo individuo alguna vez no logre crear al menos una vez en su vida, un reflejo de sus pensamientos, deseos o frustraciones. A veces el arte nos define y nuestras creaciones expresan por nosotros mismos más razones y hechos que nuestras acciones o las palabras que surgen de nuestros labios. Animales Nocturnos nace con esa premisa y crece recordándonos el artista conceptual que hay detrás, hablándonos precisamente del proceso creativo del ser humano.

Un proceso que Tom Ford entiende, y que presenta cómo se ve afectado de manera inexorable por nuestro entorno social.

Susan (Amy Adams) es como Tom Ford, una estudiante de arte que de Texas salta a New York y que crece en un estado de confort absurdo, en una burbuja de esnobismo exacerbado y prendas caras, una visión cínica del mundo que le rodea y de una comunidad que es materialista, distanciada de un mundo más real que el de ellos y, sobre todo, acosada por problemas que son menores a los del resto del mundo, problemas mundanos como la falta de motivación, la debilidad y el aburrimiento, todo barnizado con insomnio y espacios vacíos. Vacíos como el alma de Susan, que cual veleta se mueve sin rumbo entre celebraciones decadentes, falsas relaciones de sus amistades y la negativa absurda de que su propia alma hace tiempo murió, como sus aspiraciones.

Pero entonces, es el arte mismo el que se encarga de sacudir su mundo, pues aún en su vida monótona, las heridas pasadas se abren paso como un terremoto y la percepción de su mundo cambia, mientras a su vez la percepción del espectador se ve distorsionada por un juego de sombras que el director hábilmente manipula en forma de cuento, un cuento grotesco donde el mundo real colapsa con el mundo de fantasía, donde realidades y sueños son reflejos extraños las unas de la otras, y viceversa. Así pues empieza una odisea surreal, cimentada en mundos que parecen lejanos y animales nocturnos que solo cazan en nuestras pesadillas o cuentos apócrifos de un amor pasado.

Pero Tom Ford sigue narrando y no se detiene, habiendo estado fuera de la burbuja vislumbra un mundo salvaje donde un fantasma del pasado es interpretado de manera magnífica por el todo terreno Jake Gyllenhaal, un débil amor del pasado que aparece repentinamente y guarda un terrible secreto. Animales nocturnos es sorprendente y metatextual, una obra digna de alabanza, con una fuerza visual apabullante y manejada con maestría sensorial, donde Tom Ford recrea y exhibe sus obras de arte, un poco ante el horror del espectador, y aunque a veces caiga en el onanismo exacerbado con escenas difusas y de dudoso aprovechamiento, logra transportar a la pantalla una historia de tensión y evolución, de creación y destrucción, de sociedades y mundos de papel que se descomponen cuando los estratos sociales se caen y el romanticismo da paso a la cruda realidad de la pragmática protagonista. Ford descompone las sociedades en relaciones, y las realidades en frustraciones.

Esta alegoría no podría estar completa sin un trabajo excelso en la banda sonora de Abel Korzeniowski, que termina de estilizar de manera teatral el hermoso y espeluznante conjunto que recrea Tom Ford; piezas musicales de corte clásico que nos invitan a bailar un vals terrible y seguir las lecturas de Susan, una protagonista distante y muda que va en descenso hacia la locura de la mano de una pletórica Amy Adams, actriz que se ve eclipsada por los demás secundarios, cada uno completamente a disposición del exuberante diseñador de moda que dirige la función. Quiero resaltar el excepcional trabajo de Aaron Taylor Johnson (como Ray Marcus) en un papel escalofriante y esquizofrénico.

Pero aunque el reparto es a prueba de balas, la dirección es la verdadera protagonista de Animales nocturnos. Cuesta creer que la segunda película del director texano –Y la segunda en una década – haya alcanzado un entendimiento total de sus posibilidades visuales, aunque aún le falta un poco para llegar al pedestal que, quizás, el mundo del cine le tiene reservado. Ese punto en el que se queda corta es precisamente el guion, un thriller que es osado en intenciones pero parco en sustancia, y si bien es cierto que Ford trata de inyectarle subtexto, cuesta llegar a cimas olímpicas con un planteamiento tan simplista. No obstante, eso no evita que su segunda obra se encuentre entre lo mejor del año por méritos propios, a pesar de caer en ritmo cuando utiliza los flashbacks como recurso narrativo.

Animales nocturnos es una rara avis en el cine, una película con un estilo visual fuertemente marcado por su director –e impregnado por sus experiencias, como en su debut con ‘Un hombre soltero’–, interpretada por un reparto sólido y entregado, con una de las mejores bandas sonoras del año y dirigida de manera vibrante y contundente. Un largometraje al que le falta muy poco para emulsionar como la obra maestra que en un principio aspira ser: Tom Ford se queda a las puertas de crear un clásico del suspenso. Pero conoce el camino hacia el éxito, solo anhelo que no haga falta esperar otra década para ver su siguiente incursión exitosa en el cine.

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