Amadeus
Diego Solorzano10
LO MEJOR
  • En síntesis, es una película que desde la realización hasta las actuaciones ha pasado a la historia.
LO PEOR
  • A discreción de cada quien, su duración.
10OBRA MAESTRA
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TÍTULO ORIGINAL: Amadeus

AÑO: 1984

DURACIÓN: 2h 40 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Milos Forman

ESTRELLAS:   F. Murray Abraham, Tom Hulce, Elizabeth Berridge.

Yace prostrado en la cama tras una carrera fugaz y una lucha impertérrita contra un Dios antagónico, un destino aciago delimitado por su feroz competidor y a su vez, su más divino admirador. Recita entre fiebres y calor el réquiem que sin saberlo sería la antesala de su propia partida. A los pies de la cama Salieri trata de seguir el ritmo a sus labios, este escribe con tinta espesa de envidia y admiración, dos emociones que han acabado por arrastrarlos al abismo insondable de la historia, donde los hombres se labran su futuro entre un odio desbocado al destino que parece haber preparado la humanidad para ellos. Él respira con dificultad mientras vuelve a leer lo que su mente rápida había trabajado con la velocidad de un relámpago, el mismo que apagaría su vida horas después entre lluvia y gritos desbocados.

Ha muerto Amadeus Mozart. Ha muerto Milos Forman.

No recuerdo ya cuando fue la primera vez que vislumbré la oscarizada película del checo pero sí puedo visualizar lo que la risa incontrolable de Mozart y la mirada centelleante de Salieri habían logrado en mí, un joven (Aún más) principiante en esto del cine, un iniciado insatisfecho que trataba de anclarse en el séptimo arte como el modo de escape a la realidad, una realidad llena de vaivenes tenebrosos, tantos como escribió el director y guionista sobre la vida del maestro de la música. Por supuesto, Salieri probablemente no ayudó a terminar el Réquiem de Mozart y probablemente este tampoco lo odiaba, de hecho es poco probable que Mozart muriera solo sin Constanza (su eterno amor) a su lado consolando la fiebre que Dios había preparado para él. Sí, Forman y Shaffer nunca les molestó modificar la realidad para que Amadeus fuera lo que fue, precisamente es ahí donde radica la importancia capital de esta película.

Esta inflación intencionada de la ficción es vista continuamente como un arreglo artístico para dar un interés más pop a la historia, probablemente así sea pero con el tiempo y las revisiones a este clásico, he acabado entendiendo la necesidad de Salieri en esta historia.

Porque sí, con el tiempo he comprendido porque aquella noche de 1984 F. Murray Abraham se llevó el Oscar en el teatro Pavilión, siendo esta vez Salieri quien dejara a Mozart observando desde el palco de honor como era condecorado con el máximo reconocimiento del cine. No es que la actuación de Tom Hulce fuera menor (Su Mozart pasará a la historia) sino por la necesidad de Salieri en Amadeus, no solo por ser el narrador sino por ser el catalizador de todas las emociones humanas, por ser necesario en el guion de Schafer y Forman. Porque Murray transgrede la pantalla cuando observa iracundo y titubeante a Dios en persona con su sensibilidad intrinseca, por lo que no dice cuando observa al maestro, por lo que grita cuando calla entre los espectadores.

Amadeus no habla sobre un Mozart brillante o al menos no es esa su finalidad principal, habla de dos personajes trágicos, dos hombres consumidos por la historia y arrastrados por un poder inexorable que ha fijado sus ojos en ellos. Ese poder, según Salieri, está en una mano invisible que mueve los hilos de su vida, aquella a la que escupe cuando abandona el catolicismo ante el avance meteórico de su competidor; para Mozart, este poder sin parangón es el Emperador José II, su público y todos aquellos ilustres que lo invitan a tocar. Ambos oprimen, ambos son el resultado kafkiano del sistema contra la brillantez y sin embargo, los dos personajes sucumben sin saberlo en una conflagración que acaba por erosionar la vida y cordura de ambos pero es Salieri lo verdaderamente interesante, su lucha contra lo imparable.

Amadeus arrasó aquella noche de Oscar con ocho estatuillas, no solo por la excelente composición visual de la que hace gala la película o la dirección milimétrica del checo. No, la importancia de Amadeus radica en lo que representa para sus personajes. Habría sido sencillo abordar aquella historia con un dejo más fanfarrón e irónico (incluso se puede visualizar aquellas aristas en las costuras de la cinta) pero Forman va más allá. Cuando Salieri llora en el palco o en el comienzo de la cinta, pidiendo perdón a un Dios que ha pisoteado por un pecado capital que cree haber conjurado. Amadeus es una cinta culmen del séptimo arte por su capacidad inherente de establecer relaciones humanas. Milos Forman sabía de esto cuando llegó a Estados Unidos, no en vano dio el póker de premios con ‘Algo voló sobre el nido del cuco’ y recibió la aclamación con los largometrajes que siguieron a Mozart. Sin embargo, Amadeus resalta por encima de las demás por ser un espectáculo trágico. Una épica musical.

En el guion de la obra teatral de Schaffer las obras son más cortas y las funciones de Mozart se comprimen, Forman en Amadeus las expande con vigorosa admiración para que entendamos a lo que se enfrenta Salieri. En Amadeus la banda sonora alcanza el clímax en cada interpretación de Mozart, cerrando los parlantes del cine alrededor nuestro y haciéndonos partícipes de un excelso espectáculo, de la divinidad contenida en la cabeza de un hombre que pasó por nuestra historia como un meteoro fugaz. Pero algo sucede cuando sube el volumen a la orquesta y mueve la cámara con exactitud a Salieri, el testigo mudo en cada función.

El espectador que ve Amadeus, ese es Salieri.

Milos se encarga de convertir ese espectáculo en un nido de pensamientos malsanos. ¿Quién no habría sentido envidia de tan incomparable talento? Nos pregunta Forman con cada esfuerzo de Salieri por acabar con la carrera de su odiado amado, con cada decibelio que sube la banda sonora del maestro, cuando traduce las partituras en su lecho de. Ahí es donde brilla Amadeus y el director inmortal checo lo sabía, sabía que con cada pulsación personificaba al espectador. Yo soy Salieri, inferior ante lo majestuoso, gritando a un Dios sin saberlo, envidioso de lo inmortal y maravillado por el cine que me transporta a aquellos tiempos. Yo soy Salieri a los pies de Mozart, al fin entendiendo su maestria, escuchando y viendo lo imposible hacerse posible. Todos somos Salieri cuando leemos las notas del maestro y nos quedamos mudos ante lo simple de lo inmenso. Forman escribía sobre la humanidad contra lo insondable en todas sus películas y probablemente no hay emoción más humana y eterna que la envidia y la admiración que siente Antonio Salieri

Por eso Amadeus es una película inmortal, porque nos hace participes de la vida de dos personajes que se negaban a aceptar los caminos labrados por un destino pero que tomaron decisiones tan humanas como nosotros para descarrilarlo y estrellarse contra la eternidad, porque el talento de los dos es el que remite a la historia, a la inmortalidad, a lo intrínseco e inamovible. Como Mozart, como Salieri. Como Milos Forman.

Inmortal Milos Forman (1932 – 2018)

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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