Aladdín
David Romero M7.5
LO MEJOR
  • Escenarios, vestuarios y la princesa.
LO MALO
  • Como su original, Aladdín es relegado por sus personajes secundarios y el villano de turno no conecta con el público.
7.5Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Aladdin

AÑO: 2019

DURACIÓN: 2h 8min

GÉNERO:  Fantasía, Animación, Musical

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Guy Ritchie

ESTRELLAS: Will Smith, Mena Massoud, Naomi Scott, Marwan Kenzari, Navid Negahban, Nasim Pedrad.

 

Aladdín es uno de esos títulos que supone remover algo de los recovecos más arraigados de la memoria pueril en que el nivel de fascinación y sorpresa era impulsado a través de uno de esos estrenos anuales de la casa del ratón.

Nunca olvidaría la sensación insensata –y ansiada– del olor a crispetas de mantequilla recién horneadas y la multitud agolpada en las entrañas de una sala para ser testigo de un nuevo espectáculo más de la Disney. Aladdín inmediatamente se convirtió en el hito animado indiscutible de principios de los noventas (nunca superando a su antecesora y siendo opacada por completo por su sucesora), pero el genio de la lámpara maravillosa y una alfombra volando por los aires al compás de una de las baladas más icónicas de los estudios convocan una vez más a aquella generación, actuales y venideras a un evento que cobra vida propia.

En casi una década –como una tradición que empezó con Alicia en el país de las maravillas– Disney se ha embarcado en la producción en live-action de sus títulos más entrañables. Unos funcionando en mayor o menor (desastrosa) medida que otros, la cifra sigue en aumento con cintas del calibre de la archi esperada El rey león, la restringida La dama y el vagabundo y próximamente La Sirenita y la mismísima Mulán.

En pleno revuelo del caso, nos atañe Aladdín que tras su anuncio como producción en labor confirmando la presencia estelar de Will Smith, creó toda una expectativa que acaba por sucumbir a lo que nostálgicos y primerizos espectadores esperan hallar y un poco más de ello. Los escenarios arenosos y místicos de la narración original son llevados en todo su esplendor a la pantalla con una factura técnica que ha cuidado cada detalle casi como una película originaria de Bollywood. Sus decorados, el vestuario y la apreciable labor en el CGI componen una de sus bazas más sobresalientes y de tal forma hacernos ver que aquella ficticia ciudad de Agrabah es tan hermosa, real y deleitable como la animación nos lo hizo vivir en la imaginación.

Fiel a aquel imaginario, sus mentores han decidido llevar de la forma más genuina los momentos más cumbres del filme original  (sin caer en el plano-por-plano de La Bella y la Bestia) cimentando una visión particular del clásico a través de un par de notables “añadidos” que recaen en el genio de la lámpara y el empoderamiento femenino a través de la princesa. Así mismo, el terreno de sus personificaciones resulta cercano al trazo de lápiz que alguna vez vimos con un correcto Mena Massoud junto a una bellísima Naomi Scott, no siendo así semejante para el personaje de Jafar, una elección en su medida desafortunada para la imagen del colectivo cultural que tenemos del villano. Marwan Kezari seguramente tiene buenas intenciones, pero su intervención resulta tan plana e impasible que la caricatura asegura mayor carisma y registro histriónico que el actor.

 

Sin un ápice de duda, uno de los elementos que encumbraron al largometraje animado fue todo lo que Robin Williams supo imprimirle de su ser al genio convirtiéndolo en uno de los personajes más queridos de la factoría Disney. En tal medida, resultaría injusto crear un paralelismo tan marcado entre el trabajo que Will Smith desempeña en esta oportunidad al crear una versión propia de su personaje. Tomando en cuenta las libertades creativas y morfológicas que permitieron crear a Williams en su momento un personaje tan divertido y alocado como el genio, Smith hace lo suyo y cumple muy bien, siendo él quien finalmente lleva la batuta de la cinta.

Como ya fuera una costumbre, Alan Menken vuelve a ser convocado con la partitura que le diera otro Oscar por mejor canción original agregando al repertorio el tema que definirá la nueva personalidad de la princesa en esta revisión del clásico. En tal medida, digamos que como musical sigue funcionando por el terreno ya conocido, pero en ocasiones se torna un tanto forzado y doliente del suficiente encanto para entonar sus canciones aun con la escena insignia: la pareja sobrevolando las tierras de Agrabah.

En esencia, Aladdín es un espectáculo visual que recobra algo de aquella productora que tanta alegría nos dejó en la infancia, razón por la cual la asistencia a algo que aún pueda recordarlo y rescatarlo de las artimañas propias de la adultez, el tedio o la maldad, resulta masiva.

Se lleva una ovación de pie por su indudable calidad, aun cuando el clásico de su inspiración sea la luz que la opaque en medio de la inevitable crítica de insatisfechos y nostálgicos que no dejarán de reclamar lo ocasionado por el clásico inmortal del 92.

Aladdín 2019 no compite con su mentora, no lo pretende, solo transporta ese «mundo ideal» a un terreno que nos compruebe que aquella magia siempre fue muy cercana a nuestra verdad y el efecto es la resultante de una hermosa experiencia retro-contemporánea. 

 

 

 

 

 

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Sobre El Autor

David Romero Mouthon
Colaborador (Colombia)

Colaborador para Distinta Mirada desde Medellín, Colombia

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