Al Otro Lado
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
7.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
7.0

TÍTULO ORIGINAL: Auf der anderen Seite

OTROS TÍTULOS: The Edge of Heaven / A la orilla del cielo

 

Es curioso que a una película se la califique – o se la descalifique –  por su verosimilitud. Lo verosímil, enseña el diccionario, es aquello que parece verdadero y puede creerse. En el cine verosímil sería entonces aquella historia que sabiéndola siempre ficta, sabiéndola siempre una mentira, pudo haber sido y así lo creemos. Que la vida de un oficial alemán  de la Stasi cambie de sentido después de la perturbadora experiencia de vigilar una pareja conformada por un escritor y una actriz es, me pregunto, una historia verosímil?  O lo es aquella de un hombre mediocre y taciturno, propietario de una fábrica de medias, que le pide a su fiel colaboradora que finja ser ante su hermano, apenas por unos días, su esposa…? Se me ocurrió pensar en dos películas que considero, cada una en su estilo, muy buenas: La vida de los otros y Whisky. alemana la primera, uruguaya la segunda. Son verosímiles sus historias? Es factible que en la vida real pudieran suceder? Pongámonos la mano, no en el corazón sino en la cabeza, y contestemos con la simple e insípida verdad: no, no es verosímil que tales historias sucedan. Es cierto que de cuando en cuando los periódicos nos sorprenden con historias reales que desbordan los cauces ordinarios de la verosimilitud; son, paradójicamente, historias reales  pero inverosímiles. Todos nos resistimos a creer, aunque haya realmente sucedido, que un hombre haya guardado en maletas los pedazos de la mujer a quien mató por celos y luego destrozó. Y si no le damos verosimilitud a tan escabrosa historia, tampoco se la damos a la de un pobre viejo que negocia con su empleada sempiterna el fingimiento de una relación matrimonial ante un hermano…. Pero es acaso, me pregunto,  el valor de la verosimilitud lo que hace buena una película? Y, voy un tanto más allá, es, en el campo cinematográfico, la verosimilitud un valor?

Yo creo que en el cine toda historia que se cuente debe ser verosímil. Pero debe serlo a la manera como en el cine opera la verosimilitud. Cuando vi  Whisky creí, de veras creí, que el viejo le hizo esa propuesta a su añosa colaboradora y que esta a su manera, queriéndolo en su encierro costurero, había accedido a la farsa Creí – y sigo creyendo –  en esta historia anónima  aunque su posibilidad de ocurrencia en la vida  sea ninguna o, en el mejor de los casos, mínima. Pero tal grado de posibilidad de ocurrencia real poco o nada importa en materia cinematográfica. Lo que en el cine importa es que uno crea que lo está viendo está ocurriendo, más allá del cual sea el plano de tal ocurrencia. Cuando a Pinocho por mentiroso le crece la nariz, no sólo es el niño ingenuo el que cree que la mentira provoca tal efecto, es el espectador, sin distingo de edad, el que cree que eso así sucede más allá de que en la vida real a nadie le crezca la nariz por decir mentiras…..

Y vuelvo entonces a la justamente galardonada Al otro lado.  Bella y creíble algunos la han descalificado por la supuesta inverosimilitud de las historias que en ella se tejen: Primera: Alí (Tuncel Kurtz) es un pensionado turco residente en Hamburgo que le propone a Yeter (Nursel Kose), una prostituta. también turca, que se vaya a vivir con él y ella acepta. Segunda: Nejat (Baki Davrak), hijo del pensionado, reprueba esta insólita unión. Tercera: Ayten (Nurgul Yesilcya)  la hija de Yeter es una activista política que, huyendo de la policía turca, viaja  a Alemania donde conoce a una estudiante alemana Lote (Patrycia Ziolowska),  que vive con su madre (Ana Schygulla) y de quien se enamora. La inesperada muerte de Ali le da un giro inesperado a todo: Nejat decide partir a Turquía tras la huella de Ayten. Después será Lote quien deje Hamburgo para interceder por la libertad de su compañera que ha sido retenida y encarcelada….

Las historias se entrecruzan como sólo en el cine suelen entrecruzarse las historias. Hay dolor, sangre y muerte en los puntos de intersección pero hay también, en ellos,   amor y solidaridad extremos. Las historias se cuentan bien y la historia que todas ellas conforman queda bien contada. Ese es el mérito de un buen guión y en el caso de Al otro lado la historia envuelve sin que el espectador tenga que sacar libreta para anotar guías de orientación o sin que, como tantas veces suele suceder, salga de la función con unos interrogantes que ni siquiera se atreve a comentar.

Retomo, para terminar,  la credibilidad de la historia que se cuenta en Al otro lado,  su enjuiciada verosimilitud. Que parezca o no verdad que tantas historias se entrecrucen y se entrecrucen de semejante manera, es asunto que no compromete la verosimilitud de la película. Es más: la historia pudo haber sido mucho más simple y para ello hubiera bastado suprimir las coincidencias, borrar una que otra muerte y dejar los relatos, librados a su propia suerte, sin intercomunicación alguna entre ellos. Una tal simpleza es, acaso, la garantía de la susodicha verosimilitud? No creo. Al otro lado es una historia verosímil, no porque nos parezca que en plano de las posibles ocurrencias mañana resulte  posible que a un hombre ebrio lo mate, en defensa propia, la prostituta que escogió por mujer y que ambos tengan unos hijos únicos enlazados por unos destinos solitarios y tràgicos….. No, la verosimilitud cinematográfica no proviene de una intrincada red estadística que determina si la historia inventada – así diga basarse en hechos reales –  puede o no suceder en la vida ordinaria que nos circunda; la verosimilitud cinematográfica está dada por la convicción emocional del espectador de que lo que está viendo está realmente sucediendo así se sepa – y también sienta – que todo es una mentira, una mentira bien lograda que terminará amalgamándose con la verdad nuestra de cada día para enaltecerla un tanto, para despojarla en parte de la tanta mentira que hemos aceptado como parte de nuestra incuestionable verdad. Así llamó Vargas Llosa uno de sus libros: La verdad de las mentiras; así llamo yo ahora la clave de la verosimilitud cinematográfica: que la mentira que vemos nos parezca no solo verdad sino que termine, de algún extraño modo, integrándose a nuestra verdad. Que los hechos que desfilen en la pantalla puedan o no acontecer en nuestro desleído cotidiano es otra cosa. Si no pudieran acontecer o fuera muy difícil su acaecimiento según las reglas estadísticas de la probabilidad, la historia inventada no perderá credibilidad cinematográfica si está narrada de tal forma que su suceder trascienda – abarcándolo, excediéndolo –  las fronteras, estrechas tantas veces, de nuestra realidad inmediata

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