13 horas: Los soldados secretos de Bengasi
Diego Solorzano7.5
LO MEJOR
  • La fotografia espectacular, cada plano es una fotografia.
  • La mayoria de escenas de accion, impresionantes.
  • El reparto cumple de manera notable
LO MALO
  • Cierta cadencia de ritmo en la segunda hora de la pelicula
  • Algunos personajes desaprovechados.
  • La banda sonora podría ser mejor.
7.5Buena

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TÍTULO ORIGINAL: 13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi

AÑO: 2016

DURACIÓN: 144 min

GÉNERO: Accion, Belica

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Michael Bay

ESTRELLAS: John Krasinski, Pablo Schreiber, James Badge Dale

 

Una de las situaciones más hermosas que se pueden dar en el cine es presenciar la evolución estilística de un director, es un crecimiento (o detrimento) que retro alimenta las reacciones hacia la película y logra dejar sensaciones que van más allá de los tecnicismos y que transgrede nuestras reacciones hacia el largometraje, sobre todo si el director en cuestión ha denotado cierto estancamiento en ideas o formas que puede afectar nuestra percepción a su carrera hasta que muta y se transforma, cambia y crece o simplemente expande sus horizontes. No es fácil ser testigo de estos cambios, sobre todo porque tienden a ser progresivos y habitan en los detalles de sus obras un poco más difusos y complicados de captar en un solo visionado, sin embargo esto puede ser más notorio cuando hablamos de directores tan estáticos y visuales como el que nos ocupa en 13 Horas: Los soldados secretos de Bengazhi y del cual todos tenemos noticia, artífice de Bad Boys o La Roca sin omitir la monótona saga de Transformers en la que parecía derrochar una calidad emergente que destellaba en Dolor y Dinero, Michael Bay es un director de súper producciones enfocadas al cine de acción y por eso a veces somos propensos a disminuir su calidad artística por puro esnobismo cinematográfico. Sin embargo, 13 Horas es un salto cualitativo de enormes proporciones que deja espacio a la duda y que abre también la posibilidad de rescatar a un director que en otras circunstancias estaría en la cumbre del cine de género.

Si algo caracteriza al cine de Michael Bay son los excesos estilísticos, las explosiones que acaparan pantalla y el excesivo uso de destellos para dotar de espectacularidad a la escena. Sin embargo todos estos recursos se quedan cortos cuando los comparamos con su innegable patriotismo y un amor inconmensurable a su hogar y a las instituciones que lo protegen. No es casual que 13 Horas fuera recibida con recelo como un panfleto propagandístico sobre todo tras los múltiples planos patrióticos que se ven en la saga Transformers  y que daban a entender que era la oportunidad perfecta para pronunciar un discurso  sesgado en una película que confronta el conflicto libio en plena embajada norteamericana. Nada más lejos de la realidad. 13 Horas se sale del camino y aborda un camino distinto: emocional, sensible y  reflexivo sin abandonar el amor que tiene su director por las películas de acción.

Bay es un director limitado en argumentos narrativos, no sabe equilibrar bien su estilo con una trama pausada y rara vez logra construir personajes que evolucionan con la trama. En contraste y paradójicamente su mayor fortaleza está en reconocer y aprovechas  sus propias limitaciones. Es un autor que juega en sus  ligas, se aleja de manera intencional de un cine más localizable y etiquetado y entiende a qué público se dirige saciando con él, de alguna manera, su adolescente manera de entender el cine.  En 13 Horas las cosas cambian y  Bay da un vuelco a toda su filmografía arriesgándose a exponer, más que su amor por el cine de acción,  sus dudas hacia  un sistema en el que creía con la distorsión propia del  derroche y la pasión.  Por primera vez en casi veinte años de carrera, Bay deja ver una sensibilidad que le lleva a tomar decisiones  con sus propias herramientas y a emplear su  talento en  una película que termina siendo la de más humanidad de toda su filmografía.

La película nos sitúa en el corazón del conflicto libo de la post revolución; un país despedazado por una administración anárquica y donde Estados Unidos tiene afianzada una embajada con una débil presencia militar en pos del restablecimiento de la seguridad nacional y de la confianza internacional. Si bien es cierto que hay algunos datos sesgados, 13 Horas se apega todo lo posible a los hechos reales en los días previos al ataque del 11 de Septiembre del 2012 y construye personajes ajenos al régimen militar norteamericano, específicamente seis “Agentes especiales” (un eufemismo de mercenarios) que cumplen misiones de manera secreta que el ejército no puede ejercer en una transición hacia la paz y que fungen como “perros de reserva” en caso de una situación comprometedora. El último en conformar el grupo es Jack Silva, un ex militar taciturno que aterriza en Bengazhi y el protagonista principal del largometraje. En general el reparto cumple , aun cuando algunos actores los conozcamos en las antípodas del cine de acción (como Krasinski mismo, venido de la comedia)

Bay 2

A partir de su llegada empieza la cuenta regresiva hasta la noche del infierno. En este tiempo Bay construye  los seis protagonistas con sus dudas y limitaciones, además de sus anclas morales como son sus parejas e hijos en su hogar natal. El director dedica cuarenta minutos a escenas de tensión a cuentagotas siempre alternando las personalidades distintas pero centradas del equipo de fuerzas especiales con pequeños saltos temporales de días hasta llegar al 11 de septiembre donde las 13 horas empiezan con una oleada de violencia desenfrenada que acaba con las esperanzas del escuadrón, los pone al límite y rompe su psiquis con la atroz sensación de abandono que transpira la película.

A contra corriente de su discurso patrio, en esta ocasión Bay  critica el abandono del gobierno de Estados Unidos. Por primera vez en años el director se dedica a transmitir la desazón y los errores burocráticos por medio de una narrativa visual y  un simbolismo tan evidentes como efectivos. Es la primera vez que Michael Bay dirige una película con un toque tan derrotista y fulminante sobre la guerra “en la que todos luchan y nadie entiende las razones” . El director da un giro de 180°  y racionaliza  el mundo que le rodea; de  la repetitiva comedia involuntaria de Transformers , Bay  da  un brinco radical y  convierte  13 Horas en su propia ‘La caída del Halcón negro’ , un trabajo sensible en el que opta por reconciliar  los pueblos divididos en medio  del  dantesco infierno que protagonizan. En un tono más sereno y reflexivo  Bay  expresa ahora  sus dudas y sus decepciones ante un sistema que durante año  elogió al punto de la adoración fanática.

Nuestro escuadrón de personajes se va a impregnar de las tinieblas libias de la peor manera posible. Bay dirige con virtuosismo las escenas de acción y sabe recuperar el ritmo con cierto brío cuando su inexperiencia narrativa hace mella en la película (yo habría optado por cortar algunos minutos de metraje) llenándola de oxígeno y exprimiendo a consciencia los cincuenta millones en presupuesto (un ridículo frente al derroche de efectos especiales que hay en la película) y explotando a la perfección la fotografía del oscarizado Dion Beeb  (Collateral, Miami Vice) otorgando planos que impactarán y pasarán a la posteridad del cine de acción no solo por su saturado efectivo sino por la capacidad hasta ahora desconocida de Bay para oxigenar el plano y en cierto punto de la película, confrontar al espectador con los terrores de la guerra. Lejos estaba de haber  imaginado a Bay humanizando a los enemigos de una nación como lo hace en 13 Horas con escenas reflexivas y durísimas.

Claro, en 13 Horas hay algunos fallos que podrían dejar fuera de juego a algunos espectadores, como la falta de entendimiento entre la película de acción y el drama de personajes que quiere plantear Bay. Sin embargo, en conjunto la última cinta del californiano deja un saldo positivo y abre la puerta a un director que fuera del agotador circuito de mega producciones ha dado obras notables que culminan con 13 Horas en plena, pubertad?,  de su director. Hay desaciertos y personajes desaprovechados (al fin Bay deja el machismo de lado, lo cual es una excelente señal de crecimiento y autocritica) pero Roma no se construyó en un solo día y 13 Horas es una película sólida, notable y un paso agigantado de un director que sin apasionarme ha logrado captar mi atención en su crecimiento. Queda camino y detalles que pulir, quizá con menos argumentos que muchos directores pero con tanto o más corazón por su cine y muchas veces eso es lo único que hace falta.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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