12 años de esclavitud
Autor7
A. Quintero (Dirección Distinta Mirada)7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)6
6.7Interesante
Puntuación de los lectores: (5 Votes)
7.9

Título Original: 12 Years A Slave

Otros Títulos: 12 Años Esclavo

Año: 2013

Duración: 134 min.

Género: Biografía, Drama, Historia

Director: Steve McQueen

Estrellas: Chiwetel Ejiofor, Lupita Nyong’o, Michael Fassbender, Michael K. Williams, Brad Pitt

 

El cuero se tensa mientras sus fibras crujen amenazantes, su empuñadura es cómoda y ergonómica, invitando a la firme sujeción. Ahora reposa inerte durante unos segundos hasta que inicia su suave movimiento oscilante. Una calma artificial invade el ambiente por unos segundos hasta que el silbido de la fina piel curtida, cuyo diseño aerodinámico se alía con el viento para lograr mayor velocidad, hace gritar al silencio mientras penetra bizarro en el aire y se vuelve más agudo por momentos. Finalmente se interrumpe de súbito en un desgarrador estallido. La detonación nos enmudece, no vemos las consecuencias del castigo pero todo se ha teñido de rojo. Escuchamos el estremecedor goteo de la sangre sobre la húmeda tierra. El verdugo, con los ojos desorbitados, lleno de una ira incomprensible y un odio irracional deja caer el látigo exánime al tiempo que un cuerpo se desploma en el extremo opuesto de la escena.

Steve McQueen deja fuera de cámara gran parte de la acción, sus lentas escenas, dotadas de una gravedad ineludible, invitan al espectador a una reflexión exterior. El objetivo de este director británico no es conseguir que nos identifiquemos con el protagonista, sino que contemplemos los diferentes castigos que el ser humano puede infligir al cuerpo. Esa es su obsesión, el físico, una constante en sus tres largometrajes y sobre él reposa el peso de sus creaciones; el físico como herramienta de protesta cuando el resto de argumentos han caído en saco roto, cuando no conseguimos que nuestros razonamientos sean escuchados por un embrutecido sistema, sólo nos queda el castigo autoimpuesto para hacernos oír. En Hunger (2008), primera cinta de McQueen, se mostró esa terrible guerra fría (y sucia) llevada a cabo entre un líder del IRA y el gobierno de Margaret Thatcher; y en Shame (2011), por el contrario, la batalla era íntegramente introspectiva, con un protagonista que se enfrentaba a la cotidianeidad de la vida con la obsesión al sexo como enemigo. En ambas, la imagen se centra en los actores, ellos son el motor principal, su apariencia y su evolución o involución. Con 12 años de esclavitud, se sigue con ese estudio sobre la tolerancia del cuerpo por medio de una historia real ocurrida a un ciudadano de Nueva York, uno de esos raros ejemplares de afroamericanos nacidos libres, para los que se creó el nombre de “Freeborn”, cuando en 1841 fue secuestrado y obligado a trabajar como esclavo. Ya en 1996, el director insinuó su intención de mostrar el injusto trato racista y la desconfianza que la etnia negra ha suscitado, adaptando la novela Just Above My Head (1979), de James Baldwin en su cortometraje homónimo.

12_Years_a_Slave-305655779-large

Chiwetel Ejiofor realiza un ejercicio interpretativo muy sólido y de un nivel asombroso en el papel de Solomon Northup, un violinista negro que tendrá que aprender a soportar todo tipo de abusos si quiere permanecer con vida. Él personificará esos cambios físicos de los que hablábamos mientras que Michael Fassbender, otra de las constantes en el cine de McQueen, como contrapunto a Ejiofor, se encargará de representar los cambios anímicos, la lucha interna y el desprecio hacia sí mismo como filosofía de vida. Fassbender encarnará a Edwin Epps, propietario de una plantación de algodón que vive atormentado por un amor imposible. Su atracción por una de sus esclavas lo llevará a la autodestrucción y a comportarse de manera enfermiza y despiadada. Una magnífica Lupita Nyong’o ejercerá de nexo de unión entre cuerpo y mente, en el papel de Patsey, una pobre mujer que no ha conocido nunca la libertad y ha crecido atormentada por los salvajes deseos que despierta en su dueño y los celos que la mujer de éste le procesa. No se han querido buscar héroes o villanos, el propio hecho de la esclavitud ha quedado relegado a un segundo plano otorgando toda la importancia a la evolución de un hombre que nunca se rindió, nunca se olvidó de quién era y, así, consiguió recuperar la preciada libertad. Muy buen trabajo de John Ridley, que adapta la novela homónima de Northup, para conseguir que la historia no se centre en el odio, la violencia o el rencor, dejando el guion a expensas de la rigurosidad histórica que se esperaba.

Y 20 años dan para mucha historia, puede que ahí encontremos uno de los puntos más débiles de la cinta, ¿cómo evoluciona un cuerpo en constante flagelación durante 20 largos años? ¿Cómo de lentos transcurren tan siquiera 10 minutos de castigo? Pues al parecer esas dos décadas no son visualmente para tanto y, a pesar de algunas incipientes canas y unas ojeras más marcadas, el impacto visual y el consiguiente desgaste anímico que el espectador experimenta no son comparables al que lograra Bobby Sands durante esos cuatro años en la prisión de Maze. Eso sí, la destreza de McQueen para eternizar las escenas hasta el punto de asfixiarnos es admirable, y consigue su punto álgido en la secuencia en la que Northup está colgado del cuello de un árbol tratando de mantener el equilibrio con las puntas de sus pies que llegan, apuradamente, a tocar el suelo. Ejemplo magistral de una elipsis (cinematográfica) que no funciona tan bien en el resto del metraje. Y es precisamente con esa imagen con la que la técnica fotográfica queda perfectamente definida, y aquí va el tercer y último recurso invariable de la filmografía del realizador: Sean Bobbitt, que con su fotografía logra contrastar la maravillosa belleza que ofrecen los plácidos paisajes retratados, con el puro sufrimiento de las acciones humanas que los cubren, inundando de llantos, gritos y dolor el apacible y bucólico entorno sureño de Louisiana.

Sin renunciar a su estilo, pero claramente más coartado que en sus anteriores trabajos por la presión de grandes productores, Steve McQueen firma su obra más ambiciosa, que pone de manifiesto lo difícil que es encontrar ejemplos sobre la esclavitud, dentro de una industria que se caracteriza por haber exprimido cada capítulo de su corta historia hasta la saciedad, pero que, hasta ahora, se había mostrado bastante retraída frente a la ignominia de un racismo opresor que se mantuvo vigente hasta 1865.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.